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La herencia del vino dulce en España

En España la fama internacional la ha tenido el vino dulce. Forma parte de su historia y de unas técnicas de elaboración exquisitas que situaron a estos vinos en la cumbre. Los viticultores de hoy apuestan por recuperar y mantener esta herencia.

Cultura del Vino | 2014-12-11 14:12:57


En el mundo del vino dulce, existe una carrera para conseguir uvas con más azúcar del necesario para elaborar blancos y tintos secos. En el mundo antiguo, los vinos dulces eran más nobles.

Ofrecían más intensidad, más sabor y aguantaban el transporte y el paso del tiempo. La primera descripción de un vino de pasas aparece en la obra de Hesiodo, Trabajos y días en el siglo VIII a. C. De hecho, la deshidratación deliberada de los granos de uva hasta que adquieren el aspecto arrugado de una pasa es la primera fórmula utilizada por el hombre para concentrar no sólo los azúcares, sino todos los elementos contenidos en un grano de uva.

Más adelante, descubriría que podía conseguir un efecto similar por acción del frío (la congelación del racimo que sirve de base a los eiswein –vinos de hielo) o del hongo conocido como botritys cinérea (que alumbra dulces míticos como los sauternes franceses o los tokaji húngaros). Estas dos variables, sin embargo, están asociadas a climatologías frescas, mientras que

España, un país de sol con vocación natural para la sobremaduración, se sitúa vinícolamente en la órbita mediterránea, en la ruta de propagación de uvas de especial peso en el mundo de los dulces como la moscatel y la malvasía, y de técnicas de elaboración que, como los vinos de pasas, llegaron a la península de la mano de los fenicios, cuya llegada se sitúa alrededor del 1100 a. C.

Los mountain wines de Málaga, el alicante que se dice que endulzó los últimos días de vida del Rey Sol (Luis XIV de Francia, 1638- 1715), los sherry y canary sack que brillaban en las obras de Shakespeare (1564-1616), la malvasía de Sitges y la de Banyalbufar en Mallorca, el tostadillo de Rivadavia... La mayoría de estos vinos, que seguramente se encabezarían con alcohol para poder aguantar las travesías marítimas, se pasearon por Europa de la mano de los ingleses, entre los siglos XVI y XVIII, que también hicieron lo propio con oportos y madeiras.

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