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La historia de la rica viticultura en los Arribes del Duero.

En los Arribes del Duero, la especial configuración de viñedo y clima y el comercio con Portugal, favoreció la viticultura en una de las regiones más desconocidas por los enoturistas.

Cultura del Vino | 2016-09-15 14:32:13


Existen una serie de hechos que nos inducen a pensar que Arribes del Duero  ha sido un espacio agrario colonizado desde muy antiguo por el cultivo de la viña,  hasta el punto que, quizá, se trate de una de las primeras y más antiguas zonas  vitivinícolas de la cuenca del Duero.

Ya que existen dos hipótesis de trabajo en  este sentido, una que hace coincidir la entrada del viñedo en el Duero por su  nacimiento con la colonización romana y otra que sitúa la llegada de la viña  mucho tiempo antes, con las rutas comerciales de los fenicios y el puerto natural  que se forma en la desembocadura del río Duero, en la actual ciudad portuguesa  de Oporto, por donde ascendería hasta este singular espacio la vid y aquellas  incipientes técnicas de vinificación.

Lo más probable es que ambos  planteamientos puedan ser compatibles, y por tanto podría considerarse esta  zona de auténtica transición por lo que ha podido ser precisamente un punto de  fusión de ambas penetraciones, de ahí que este territorio como sus contiguos del  noroeste peninsular, estén considerados como reservorios varietales por su gran riqueza y diversidad en clases o castas de uvas, algunas de las cuales se hallan en fase registro, como correspondería a una zona de paso.

Con la romanización, es presumible que el cultivo de la vid se difundiera por todo el Valle del Duero.

Los primeros testimonios de cierta contundencia relacionados con la cultura del vino por estos lares, son los referidos al período medieval, y sobre todo a la primera edad moderna (siglo XV), cuando el comercio se hace activo, y se legisla al respecto. Sabemos que es estas épocas las franjas (arribes) del Duero, en parte se encontraban ya plantadas de viña, que producían en cantidad y calidad notoria, por lo que generaron excedentes de cierta consideración, viéndose los productores abocados a traspasar los límites de sus mercados tradicionales.

Pero es, en el siglo XVI cuando la vitivinicultura adquiere verdadera carta de naturaleza, convirtiéndose en un monocultivo de carácter excluyente con respecto al cereal, al cual desplaza definitivamente.

Hacia la mitad de este siglo XIX, y hasta bien entrado el siglo XX, el vino de Arribes gozó de buenos momentos, favorecidos por el comercio con Portugal, y porque comienzan a expandirse los mercados del noroeste de España.

Con la filoxera se alzan los precios del vino, y los tintos de esta zona son muy demandados por los comerciantes franceses, lo que motivó igualmente una nueva ampliación del viñedo. Esta prosperidad concluyó pronto, al ser invadida la comarca por la plaga, que procedente de Portugal, penetró en la Región, precisamente por las Arribes del Duero, en 1888. La reacción también fue rápida, y hacia 1913-14 se nota ya una recuperación, que el caso de municipios como Fermoselle o Pereña es realmente completa.

La filoxera en Arribes del Duero, contrariamente a otras zonas, reforzó el viñedo, dándole parte de su actual configuración y reparto de viñedos, inclinándose por el predominio de las variedades tintas. Poniendo además la capacidad comercial de competir, en condiciones óptimas, expandiéndose por nuevos mercados de la Cuenca del Duero y el norte de España. 

 

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