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La historia y el origen de las barricas de vino

A día de hoy la palabra barrica, o tonel, evoca al proceso de crianza del vino, pero este recipiente no se inventó para este fin, sino para el transporte de productos líquidos o sólidos. Autor: Juan Cacho Palomar

Cultura del Vino | 2014-11-06 12:26:55


Parecería lógico pensar que esa invención hubiera tenido lugar en la cuenca mediterránea, habida cuenta de la importancia del comercio del vino desde Tiro y Sidón por parte de los fenicios, y de lo que significó el vino en las culturas griega y romana. Sin embargo no fue así.

La barrica la inventó un pueblo distinto, el Celta, asentado en Europa en su zona central, fría, húmeda y con gran cantidad de bosques. A partir de su perfección en el trabajo con la madera construyeron recipientes, no solamente para transportar, sino también para almacenar y para elaborar su bebida tradicional, la cerveza. En la cuenca Mediterránea, de clima mucho más amable, con menor pluviometría y por consiguiente bosques, los recipientes para el transporte y almacenaje de líquidos se hicieron de barro. El comercio del vino, descrito desde unos 2.000 años antes de Cristo y dominado por griegos y romanos, se llevó a cabo en jarras y ánforas con asa para poder desplazarlas fácilmente.

Los celtas construyeron los recipientes antecesores de las barricas sim- plemente ahuecando el interior de trozos de troncos y poniéndoles una tapa. Posteriormente consiguieron una perfecta estanquidad jugando con la forma de las piezas (duelas) y empleando como únicos elementos auxiliares aros de mimbre o de madera. La unión entre las duelas no se efectuaba ya ni con clavos, ni con colas, ni siquiera con ensambles, ya que aprendieron que la madera del tonel trabaja únicamente a compresión y flexión, siendo los aros los que resisten las fuerzas del empuje del líquido interior.

En la bibliografía y en diferentes monumentos, existen multitud de referencias del empleo de envases de madera y de barro para contener vino. Tanto Estrabon como Plinio hacen referencia al comercio entre los pueblos del Danubio y los del Mediterráneo. Estrabón destaca el empleo de cubas para el transporte de vinos y aceite de Etruria por los hombres del Danubio, que cargaban en sus carros y que cambiaban por esclavos, pieles, sal y ámbar.

Restos arqueológicos de las barricas se han encontrado a lo largo del Rhin y del Danubio pero no en Italia ni en España. Posiblemente esto se debe al diferente clima que hace que la madera se conserve mejor en los primeros.

De cualquier forma, los términos barrica y tonel para designar los recipientes de transporte no aparecen hasta el siglo V y por esta razón, para el estudio en la evolución de las barricas, es preferible recurrir a la iconografía donde son numerosos los ejemplos de cubas dedicadas casi siempre al almacenaje. Son célebres, por ejemplo, el bajorrelieve de Langrés, el monumento de Neumangen y las columnas de Trajano y Aureliano en las que hay toneles representados.

En España no existen muchos testimonios, aunque hay dos dignos de mención. Una estela funeraria del Museo de Mérida, en la que un personaje vestido con una túnica larga llena una copa de vino abriendo el grifo de un tonel, estela datada a finales del siglo I. Otra es una copa de plata, también del siglo I, en cuyo interior se ve a un personaje apoyado sobre un gran tonel.

El estudio de los hallazgos arqueológicos y de los testimonios escritos permite comprobar cómo el tonel de madera desplazó a las ánforas de barro del transporte y almacenamiento del vino. A día de hoy esto parece lógico, habida cuenta de cómo se elabora el vino y de la fragilidad del barro, pero no lo era tanto en la época antigua. Hay que pensar que entonces el vino se avinagraba rápidamente y que para su conservación se necesitaba mantenerlo en recipientes sin contacto con el aire y eso se podía lograr sellando perfectamente la boca del ánfora, pero no las barricas por su porosidad. Además en el momento en que se vaciaban parcialmente el picado del vino era rapidísimo. Por otra parte, la madera de la barrica le comunicaba al vino el olor y sabor de sus componentes, y en muchos casos esto no era del agrado del consumidor.

Sin embargo hubo otras razones para que las ánforas desaparecieran, tales como la superioridad de la barrica y el problema demográfico.

La superioridad de la barrica no es solamente por su dureza, sino por su forma. La curvatura de sus duelas es decisiva, ya que en su centro la superfi cie de contacto con el suelo es pequeña y ello permite que una sola persona pueda desplazarla haciéndola rodar. Además su forma consigue que las turbideces del vino joven, lias y residuos vegetales principalmente, se depositen en su fondo y se conglomeren con lo que se facilita su clarificación.

Por otra parte cuantas más duelas tenga la barrica, tanto más resistente es a los choques, mejor resiste las fuerzas de presión interiores y mejor es el aguante al apilado. Por último, la densidad de la madera es inferior a la del barro y por tanto el recipiente, a igualdad de tamaño, pesa menos.

El problema demográfi o no hay duda que fue importante en los si- glos II y siguientes del Imperio Romano. La disminución de la población por epidemias y la dificultad de contar con suficientes esclavos para la agricultura y el comercio supuso un avance en el progreso tecnológico.

Posiblemente su expresión más significativa fue el empleo del molino de agua y la utilización de las barricas para el transporte del vino. Pue- de decirse que el paso de las ánforas y jarras a las barricas para este fin representó una revolución en el transporte semejante a la que supuso hace unos años el empleo de contenedores. Desde ese momento, fin de la República y comienzo del reino de Augusto, hasta hace relativamente pocos años, puede decirse que todo el comercio del vino se hizo en barricas, y hasta tal punto fue importante que se estandarizara el volumen de las mismas para una mejor relación superficie-volumen. Así nacieron las botas jerezanas y las pipas de Oporto, de 500 litros, y la barrica bordelesa de 225 litros. Esta última fue la que se adoptó casi oficialmente en 1836.

El gran desarrollo del comercio del vino, sobre todo por barco, tuvo unas repercusiones enormes en muchos aspectos. Así en el lenguaje surgió la palabra tonelaje y significaba originalmente el número de toneles que un barco podía transportar. Desde un punto de vista enológico significó el nacimiento de nuevos vinos y la selección de maderas para las barricas.

La madera, Contiene sustancias que pueden disolverse en el vino y comunicarles su sabor. En el transporte del vino, sobre todo a ultramar, las barricas estaban mucho tiempo en las bodegas y cubiertas de los barcos a temperaturas relativamente altas, sobre todo las que atravesaban el trópico. En estas condiciones la solubilidad de las sustancias citadas aumenta, así como las reacciones entre ellas y las diferentes moléculas del interior del barril, originando un vino con unas características bien diferentes al vino original. En muchos casos esto fue una mala práctica y el producto obtenido distaba mucho de ser de calidad, pero en otros este calentamiento fue positivo, y los vinos, de un color y un aroma especiales, mejoraron sustancialmente dando lugar a productos excelentes. 

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