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La importancia del valle de Moquegua en la historia vitivinícola de Perú.

La economía colonial de Moquegua estuvo dominada desde el siglo XVI por medio de la agroindustria del vino y del pisco.

Blog del Vino Perú | 2015-01-02 13:27:16


La importancia que el vino tenía para los españoles explica que este producto figurara entre las primeras remesas de mercancías que se trasladaron al Nuevo Mundo desde la Península para satisfacer las demandas de la naciente sociedad indiana. Pero allá donde las condiciones medioambientales lo permitieron, los colonos no tardaron  en sembrar cepas de viña y, utilizando los conocimientos adquiridos en las campiñas y bodegas de Andalucía, se aplicaron a la fabricación de vinos y aguardientes.

Tal fue el caso del valle de Moquegua emplazado al sur del Perú, a noventa kilómetros de la costa. Su temperatura media anual es de 17 grados centígrados, manteniéndose durante todo el año dentro de parámetros bastante constantes. Su régimen de lluvias, entre Diciembre y Enero, es también moderado y puede decirse que la suavidad del clima hacía propicio el desarrollo de la vid y de la vinicultura.

Los españoles tenían una larga tradición en la valoración y el consumo de vinos; pero las grandes distancias entre España y el Virreinato del Perú determinaban la incapacidad de satisfacer esta demanda con vinos elaborados en la península. Se generó entonces una demanda importante de vino, tanto para el culto religioso como para el consumo doméstico. Los colonos tomaron el asunto en sus propias manos, plantaron viñedos cada vez más grandes y establecieron así la agroindustria de vino y “pisco” (aguardiente de uva, “brandy”), que dominó, en diversos grados, la historia económica de Moquegua desde la década de 1560 hasta la actualidad.

Un reconocimiento arqueológico en el valle de Moquegua identificó 130 sitios de bodegas e instalaciones para prensar, fermentar y almacenar el vino, destilándolo en aguardiente, y la fabricación de vasijas de barro utilizadas para el almacenamiento y el transporte.

Fue así que los cultivos prehispánicos de ají, algodón, maíz y coca cultivados a instancias de los señoríos lupaqa del Altiplano fueron desplazados, a partir de 1540, por cepas de vid que los españoles afincados en la ciudad de Moquegua fueron sembrando en las orillas del río Osmore.

El Osmore es uno de los innumerables ríos que cruzan la falda oeste de la cordillera de los Andes. Nace en las montañas, atraviesa el desierto de la costa y desemboca en el Océano Pacífico, no sin antes fecundar Moquegua.

Por lo general, las bodegas se situaban en las colinas, flanqueando el terreno cultivado a ambos lados del río Osmore (Fig. 3). Esta ubicación facilitaba el rol de la gravedad en el proceso de elaboración del vino. En casos excepcionales se hallaron algunas ruinas de bodegas en las tierras bajas cultivables del río, en la parte norte del valle. La ocupación española del valle y la industria vitivinícola crecieron de norte a sur a través del tiempo. La extensión de la industria fue acompañada por un cambio en el énfasis productivo, al pasar del vino al pisco.

La industria y el comercio del vino y del aguardiente generaron en el Sur Andino un próspero mercado regional para abastecer las demandas de las ciudades altiplánicas de La Paz, Oruro, Cochabamba y sobre todo Potosí, contribuyendo así a reproducir durante la etapa virreinal los antiguos circuitos comerciales que desde antiguo venían practicando los señoríos aymara del altiplano lacustre. Desde allí intercambiaban los productos derivados de sus auquénidos por maíz, algodón y ají que los indios mitmaq cultivaban en los valles más cálidos del litoral, en la región que ellos conocían como el Colesuyo (aymara) o el Contisuyo (incaico).

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