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La importancia del vino en Gran Canaria.

Hacia la mitad del siglo XVI el vino, juega un papel fundamental en la economía isleña pasando a convertirse en el producto principal de exportación.

Cultura del Vino | 2016-08-30 10:01:24


El auge en el comercio del vino trajo aparejado el florecimiento de otras actividades artesanales vinculadas, como la tonelería o el arte de construir pipas y barriles para el transporte de los caldos, la alfarería y el curtido de las pieles entre otros. Las principales variedades de uva que se cultivaron en un primer momento fueron malvasía, verdillo, torrontés y negramoll, ob-teniéndose con la mezcla de alguno de ellos el vidueño que era el más apreciado en los mercados americanos.

Durante el siglo XVII los caldos canarios gozaron de un comercio floreciente, sin embargo, esta situación privilegiada de sus caldos pronto se verá perjudicada debido a la coyuntura internacional. No obstante, a pesar de su caída como cultivo de exportación, muchas zonas de viñedos siguieron cultivándose en las islas para abastecer el mercado interior. 

En el siglo XIX se produce en Gran Canaria el resurgir de la viticultura pero esta vez de menor intensidad y con unas características totalmente diferentes. En los primeros años del XIX se produce la desamortización de tierra en los terrenos públicos del Monte Lentiscal y Bandama, en este momento la burguesía enauge, levanta un sin fin de lagares y bodegas que junto a sus casonas y a las extensiones de parrales dan lugar al paisaje más emblemático del vino en Gran Canaria: la comarca de Bandama y el Monte Lentiscal.

Es aquí, en este paisaje protegido por la Ley de Espacios Naturales de Canarias, donde encontramos las mejores representaciones del patrimonio arquitectónico vitivinícola insular. En Gran Canaria, la complicada orografía sobre la que normalmente se asientan los parrales ha condicionado que la mecanización de las labores de cultivo del viñedo haya sido más bien escasa, conservándose así en muchos lugares de la isla un gran acervo cultural que tiene que ver con esa antigua tradición del vino en las islas. Tal vez sea el Barranco de Taguy, localidad remota que se localiza en el fondo de la Caldera de Tejeda, donde encontramos la forma más antigua de elaborar vino siguiendo los métodos que en nada se diferencian a los practicados hace quinientos años por los primeros colonos europeos que se asentaron por estas tierras.

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