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La importancia del vino Txacolí en el Valle de Ayala.

El Valle de Ayala, ha recuperado una antiquísima actividad vitícola, ya que en el siglo IX la producción de txakoli en Álava era práctica común y generalizada entre los agricultores en el Valle de Ayala particularmente en Amurrio, Llodio y Ayala.

Cultura del Vino | 2017-03-17 14:41:22


La  Denominación de Origen  Arabako Txakolina/Txakoli  de Álava/Chacolí de Álava protege  el  txakoli  que  se  elabora  en  el  Valle  de  Ayala  y  que  comprende  a  los  municipios  de Artziniega, Ayala, Llodio, Amurrio y Okondo.

Dicha Comarca se sitúa en la zona septentrional de Álava, a  cuyo clima atlántico se adaptan perfectamente las variedades de vid autóctonas seleccionadas como la “Hondarribi Zuri” y la “Hondarribi Beltza”, que son las variedades principales. Un suficiente tiempo de insolación y la  precipitación  media  anual  que  viene  a  ser  de  899  litros,  con  una  luminosidad  media  en  el proceso vegetativo (abril-octubre) de 12,11 horas, y una media de 170 días de viento sur y con una  temperatura  media  máxima  que  es  de  18,7º;  y  temperatura  media  mínima  de  7,5º.    Este microclima hace que la uva se recolecte con una graduación entorno al 12º. 

La elaboración de los vinos protegidos se realizará con uvas de las variedades siguientes:  Ondarrabi  Zuri  y  Ondarrabi  Beltza,  que  se  consideran  como  recomendadas  o  principales,  y Ondarrabi   Zuri   Zerratia/Petit   Courbu,   Izkiriota/Gros   Manseng,   Izkiriota   Ttippia/Petit Manseng, Sauvignon blanc, Riesling y Chardonnay, consideradas como autorizadas.

La elaboración de txakoli ha supuesto una importante recuperación de los cultivos que desaparecieron  a  finales  del  siglo  XIX    y  ha  paliado  las  consecuencias  del  abandono  de  la ganadería del valle propiciando su reconversión al universo vitivinícola y que aporta riqueza a  un  valle  que  ha  mantenido  su  fisonomía  natural  de  mejora  con  el  crecimiento  de  las plantaciones de viñedos  y  que se encuentran en todos los casos próximas a las bodegas o en un  radio  de  no  más  de  3  km.  Una  práctica  cultural  vitivinícola  que  estuvo  a  punto  de desaparecer en la década de los años 80 del pasado siglo y que cuenta con unas variedades de uva  extraordinariamente  adaptadas  a  este  microclima,  con  racimos  pequeños,  prietos  y    de gruesos hollejos que producen vinos de marcado carácter.

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