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La influencia del Monasterio de Veruela en el vino del Campo de Borja.

Es sabido que en la edad media, los monasterios y abadías impulsaron la viticultura, En el Campo de Borja podemos conocer sus vinos a través de uno de los grandes mecenas de la viticultura, el Monasterio de Veruela.

Cultura del Vino | 2017-02-17 12:08:37


En un entorno único a los pies del Moncayo, en un lugar cargado de historia como el Monasterio de veruela, donde escribió Gustavo Adolfo Bequer “Cartas desde mi celda”, se esconde el secreto de la mejor viticultura y elaboración del vino de la comarca.

La  primera  referencia  relativa  a  la  vid,  que  consta  en  la  documentación  estudiada  en  los archivos  del  Monasterio  de  Veruela,  son  las  donaciones  de  las  viñas  de  Magallón  en  1.203, bajo  el  abadiato  de  Raimundo  Guillén,  quinto  Abad  de  Veruela,  lo  que  nos  hace  suponer  que  existían viñedos desde tiempos mucho más lejanos.

En el curso del siglo XIV, los abades de Veruela agruparon sus propiedades y el 2 de Julio de  1.453  añadieron  la  compra  de  la  Villa  de  Ainzón,  con  todos  sus  límites,  pastos,  aguas  y  viñas.  Ainzón,  según  consta  en  el  archivo,  interesó  al  abad  Gabriel  Serra  sobre  todo  para  desarrollar el viñedo. Así, conocemos que Veruela poseía señoríos en: Alcalá, Litago, Vera de Moncayo,  Bulbuente,  Ainzón,  Pozuelo,  la  granja  del  Río  en  Borja;  y  numerosos  bienes  en:  Agón, Añón, Trasmoz, Magallón, Borja, Albeta, Tarazona, Fuendejalón, Pozuelo,...

Hasta  1.835  los  monjes  de  Veruela  mantuvieron  contacto  con  los  municipios  de  los  alrededores,  rigiendo  las  Parroquias  que  tenían  en  señorío,  desarrollando  la  agricultura  y  la  ganadería. Al abad Fray Martín de Vera (1.676-1.680) se debe toda la renovación de las viñas de Ainzón.

Por lo tanto, la influencia que tuvo el Monasterio de Veruela en el desarrollo de la vid fue muy  importante,  conservando,  desarrollando  y  potenciando  la  viticultura  que  llega  hasta  nuestros días.

La tradición histórica de las bodegas es igualmente larga, destacando desde las bodegas del  propio  Monasterio  a  las  innumerables  bodegas  particulares  existentes  en  todos  los  municipios de la zona, situadas bien en montes o cabezos cercanos al pueblo o incluso bajo las propias casas, tradición que sigue conservándose hasta hoy.

Circunstancias  posteriores,  con  dificultades  económicas  para  comercializar  el  vino  de  la  zona  de  forma  particular,  dieron  paso  en  los  años  50  al  cooperativismo,  formándose  seis  cooperativas  elaboradoras  de  vino  que  agrupan  hoy  a  la  mayor  parte  de  la  producción  de  la  Denominación de Origen.

La historia sigue su curso y es en 1.978 cuando se reglamenta la DOP “Campo de Borja”, con el objeto de conseguir para esta zona un reconocimiento al esfuerzo de sus viticultores y a la  calidad  de  sus  vinos,  concediéndose  definitivamente  en  1.980  la  Denominación  de  Origen  para los vinos del “Campo de Borja”, aprobándose los estatutos que la reglamentan.

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