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La tradición del corcho como aliado para taponar las botellas de vino

Durante siglos el corcho ha sido utilizado como el mejor material para taponar y conservar el vino en las botellas. Hoy existen tapones de otros materiales, aunque el corcho sigue siendo el más valorado.

Cultura del Vino | 2014-07-22 16:16:12


La importancia del corcho en el mundo del vino están importante que hasta se le atribuye a este material el descubrimiento y la aplicación del sistema de añejamiento del vino en botella. Nada menos; uno de los puntos fundamentales en la creación de un buen ejemplar. El corcho ya era conocido en los tiempos de la civilización Griega, y fue utilizado en la preservación de los vinos en la amphorae, pero no en la forma en que lo hacemos hoy. Ese uso no duró mucho tiempo: con la caída del litoral Mediterráneo ibérico en manos de los musulmanes, la principal fuente de corcho europeo desapareció y se impuso el uso de tapones de madera, con la ayuda de trapos y ceras.

Recién en los comienzos del siglo XVII, con la llegada de las botellas de vidrio, se vio la necesidad de encontrar una mejor manera de proteger el vino. Así se introdujeron los tapones de vidrio, que si bien tuvieron buen resultado, eran muy costosos (hoy solo lo vemos en los decanter y en los botellones de fantasía). El elemento ideal fue siempre el corcho, que rápidamente volvió a hacerse dueño de la situación.

La popularidad del tapón de corcho llevó a una industria subsidiaria, la del sacacorchos, ya que era necesario extraer el tapón de la botella una vez que se quería beber su contenido. Esta industria aún existe y se encuentra floreciente pero, no es el caso de los corchos. El consumo creciente de vino a nivel mundial a provocado una demanda cada vez más apremiante para la provisión de corchos de buena calidad, ya que sólo los buenos corchos son confiables para ejercer la tarea para la cual están destinados.

Todos hemos sufrido (demasiadas veces) la desgracia de un corcho que se desintegra cuando intentamos sacarlo, o la pena de descubrir que el tapón en mal estado ha hecho que el vino resulte imbebible.

Esta situación nos ha llevado a un punto en cuanto a la comercialización de vinos se refiere. Por un lado es necesario proteger al vino en la botella y por otro es reconocido que el corcho se ha establecido tan fuertemente en la conciencia del consumidor, que sustituirlo por otro tipo de tapón crearía un gran problema de confianza (y hasta de rechazo) popular.

Hoy existen sustitutos artificiales que hasta se parecen a un buen corcho, y si las últimas noticias que nos llegan son de creer, su uso se está extendiendo rápidamente. Por lo menos en el mundo de los vinos de mediano y bajo precio.

A pesar de su ductilidad, el corcho acarrea un buen número de problemas, como su escasez y la irregularidad de su calidad. Por ser un elemento de la naturaleza, el corcho es propenso a tener importantes contaminantes provocados por los microscópicos hongos que anidan en su estructura esponjosa. Los tapones artificiales carecen de este defecto, lo cual, sumado al hecho de que los costos de uno y otro son prácticamente iguales, los convierte en una solución muy atractiva.

Las dos partes comienzan ahora una batalla que promete ser intensa y sin resultado previsible. Todo hace suponer que con la tecnología actual (y la que viene) el futuro del corcho-tapón no se perfila muy brillante. Pero los corchos no lo ven así. Amenazada su fuente de vida, preparan su contraataque. Declaran que van a terminar con el problema de la contaminación. Y, además, están preparando una marca registrada a fin de llamar la atención de los consumidores sobre el corcho natural.

Lo único que no han prometido es aumentar la producción mundial, lo cual no resulta nada fácil pues el corcho (o mejor dicho, el alcornoque, el árbol del cual se cosecha) no crece en cualquier parte, y además requiere 25 años de crecimiento antes de dar su primera cosecha, que se hace cada nueve años. El debate está servido

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