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La tradicional viticultura de la Isla de Gran Canaria, entre el mar y la montaña.

La isla de Gran Canaria, también llamada "continente en miniatura" por la variedad de sus microclimas y paisajes condiciona también una viticultura muy particular.

Cultura del Vino | 2016-09-12 13:01:27


Gran Canaria tiene una peculiar orografía que asciende paulatinamente desde la costa hacia el centro de la Isla, alcanzando en su cota más alta 1950 metros (Pico deLas Nieves).

La cumbre se encuentra rodeada por una serie de cráteres formados por la erosión y que configuran las cabeceras de los barrancos que descienden desde ahí hacia las diferentes vertientes, siendo los más pronunciados los que se dirigen al oeste y suroeste donde sus costas se presentan en acantilados. Algo más suaves aunque importantes son los que discurren por la zona norte y noroeste. La superficie total insular alcanza los 1600 km2 y sus costas 236 km de recorrido. 

La viticultura y las tradiciones vinculadas al vino están muy condicionadas por la orografía y el clima. El vino es un claro reflejo del quehacer de los hombres y mujeres que habitan estas tierras.

En Gran Canaria, la complicada orografía sobre la que normalmente se asientan los parrales ha condicionado que la mecanización de las labores de cultivo del viñedo haya sido más bien escasa, conservándose así en muchos lugares de la isla un gran acervo cultural que tiene que ver con esa antigua tradición del vino en las islas. Tal vez sea el Barranco de Taguy, localidad remota que se localiza en el fondo de la Caldera de Tejeda, donde encontramos la forma más antigua de elaborar vino siguiendo los métodos que en nada se diferencian a los practicados hace quinientos años por los primeros colonos europeos que se asentaron por estas tierras. 

Pero a pesar de las dificultades impuestas por esta peculiar orografía, en los últimos años la mayoría de los viticultores han adoptado nuevos sistemas en las tareas del cultivo de la vid y también en la elaboración del vino. Las nuevas tecnologías y las exigencias de los mercados han ido desplazando las formas tradicionales en la producción, aunque se sigue cultivando distintas variedades de uva que proceden de cepas muy antiguas formando también un patrimonio vitícola de características únicas.

En los cultivos de predomina el parral bajo y el vaso, métodos tradicionales, utilizados desde antaño hasta nuestros días, extendiéndose cada vez más la espaldera, ya que permite una mayor mecanización del cultivo y a su vez un ahorro de tiempo y mano de obra.

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