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La vendimia del 2016 de Navarra se ha desarrollado de manera excelente.

La vendimia llega a su fin en la Denominación de Origen Navarra con alrededor de 83 millones de kilos de uva recogidos.

Actualidad | 2016-12-01 11:01:32


La Denominación de Origen Navarra ha experimentado una vendimia que se ha desarrollado de manera excelente. A la espera de cosechar las variedades de uva como la Moscatel de Grano Menudo destinadas a la elaboración de vinos de “vendimia tardía”, en total, se han recogido cerca de 83 millones de kilos de uva. Esta cifra supone un ligero descenso respecto a la campaña anterior. El 89% de las uvas recogidas son variedades tintas (Garnacha, Tempranillo, Cabernet Sauvignon, Merlot, Graciano, Mazuelo, Syrah, Pinot Noir), y el resto, blancas (Chardonnay, Viura, Moscatel de Grano Menudo, Garnacha Blanca, Sauvignon Blanc, Malvasía). En cuanto a las zonas en las que se dividen las 11.000 hectáreas de viñedo, el 39% se ha recogido en la Ribera Alta, en la Ribera Baja el 28%, el 17% en la Baja Montaña y un 8% en Tierra Estella y el 8% en Valdizarbe.

El estado sanitario de la uva es excelente. Esta condición habla de una gran cosecha que hace presagiar que la D.O. Navarra afrontará una gran añada 2016 gracias al buen trabajo de los 2.244 viticultores y 96 bodegas que forman la Denominación.

La vendimia se iniciaba a finales del mes de agosto en la Ribera Baja con las variedades de uva blanca más tempranas como es, por ejemplo,  la Chardonnay. Tras una primavera suave y un verano seco, llegaban las lluvias de mediados del mes de septiembre y coincidía con el final del ciclo de las variedades tintas. Las precipitaciones provocaron que aumentaran las previsiones de cosecha de las zonas ubicadas más al norte, cuando en la ribera habían descendido. A partir de esa fecha, la ausencia de lluvias ha protagonizado la campaña.

Las características de la Denominación de Origen Navarra hacen que la vendimia se desarrolle de manera escalonada. A esta situación se le añaden dos particularidades. Por un lado,  un otoño con temperaturas suaves y grandes contrastes térmicos entre la noche y el día y por otro lado, una ausencia de precipitaciones casi hasta el final de la vendimia.  Ambas singularidades han provocado una maduración lenta de la uva que ha permitido extraer las mejores las características de las distintas variedades para la posterior elaboración de grandes vinos blancos, rosados y tintos.

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