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La vid que sobrevive al volcán. Vino de Lanzarote.

Donde otros cultivos no serían posibles, la vid ocupa en esta isla terrenos de secano sin mermar sus escasos recursos hídricos.

Denominaciones | 2015-07-30 17:29:51


El viñedo lanzaroteño, que surgió de las cenizas tras las erupciones del volcán Timanfaya entre los años 1730 y 1736, confiere al entorno de la isla una identidad única, sin la cual no se podría concebir el paisaje lanzaroteño.

Así pues, la D.O. Lanzarote, reconocida como tal desde el año 1993, es una de las más singulares de España, tanto por sus formas de cultivo como por su suelo y los vinos que produce, cada vez mas y mejor reconocidos a nivel internacional.

A pesar de la endémica escasez de las lluvias, de la vecindad de la calurosa África, la isla reúne condiciones para la viticultura, un milagro que se debe en partes iguales al trabajo incansable de los viticultores y a la benéfica acción de los vientos alisios que llevan la humedad del Atlántico sobre su atormentada geografía. Siendo la viticultura de Lanzarote uno de los ejemplos más patentes de esta lucha dramática del hombre y el medio.

El viticultor, después de librar una gran batalla con la lava en busca de la tierra vegetal, ha tenido que hacerlo también con la escasez de lluvias, ya que la pluviometría media anual es de 150 mm., aunque la existencia de los vientos Alisios que condensan la humedad del océano sobre la porosa ceniza volcánica, que actúa a modo de una oscura esponja que retiene el rocío y se lo transmite a las parras durante el día. Una lentísima osmosis que permite que se produzcan sobre la ceniza volcánica excelentes frutos, algo que los conejeros han sabido utilizar sabiamente.

En la D.O. Lanzarote, el viñedo, que ocupa 1.992 hectáreas, está presente en los siete municipios que conforman la isla, aunque es en Tinajo, Yaiza, Tías y San Bartolomé donde el paisaje es más inequívocamente vitícola. En un año normal, la estimación de producción ronda los dos millones de kilos, una cifra ciertamente pequeña debido a varios factores como las características atípicas del cultivo, condicionado irremediablemente por el suelo rico en ceniza volcánica llamado lapilli o picón; por la baja densidad de plantación, sobre todo en el sistema de cultivo por hoyos; por la escasa pluviometría; por el envejecimiento de las plantaciones, ya que un porcentaje del viñedo supera los ochenta años de edad; y por la imposibilidad de mecanización debido a la orografía del terreno. En cambio, todos estos factores limitantes de la cantidad favorecen en gran medida la calidad de las cosechas, habiéndose calificado las ocho últimas añadas como Muy Buenas.

Las erupciones volcánicas provocaron que una porción importante de la superficie insular esté cubierta de malpaíses y lapillis o cenizas volcánicas. También destacan las arenas calcáreas de origen marino formadas por restos de conchas y moluscos traídos por el viento.

La capa de lapillo o picón cubre el suelo vegetal de la viña, facilitando la rápida filtración de la lluvia, evitando la evaporación de la tierra vegetal, manteniendo constante la temperatura del suelo y aportando importantes elementos minerales. Estos cultivos se localizan en zonas próximas a los volcanes recientes, donde el lapilli recubre el suelo vegetal preexistente.

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