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La viticultura que el Camino de Santiago hizo posible en Galicia.

Todo se interacciona en el territorio, las costumbres, las tradiciones, los paisajes, lo espiritual y lo terrenal. El Camino de Santiago tuvo gran influencia en las variedades de vid que hacen posible la exquisita viticultura gallega.

Cultura del Vino | 2017-12-14 10:06:17


En Galicia hay una gran variedad de vid. De las vides silvestres y cruzadas con otras foráneas, se han producido muchas variedades consideradas autóctonas.

Aunque hay vestigios en la cultura castresa, la primera aportación notable fue de los romanos. Otro momento importante fue el de los cenobios de los siglos IV y V en el valle del Sil (San Rosendo, San Fructuoso) dando lugar a la Ribeira Sacra (actualmente denominación de origen).

Sin duda fueron el Camino de Santiago y el desarrollo de los monasterios, grandes impulsores de la vitivinicultura gallega, los que posibilitaron la penetración de variedades de uva europea. Los monasterios medievales tenían sus propias bodegas y el ofrecimiento de vino a los peregrinos era un signo de hospitalidad. El vino era bebida frecuente en los hospitales del Camino que ofrecían comida, sobre todo en los navarros, aragoneses, riojanos y castellanos. Sobresalen, por las citas de distintos peregrinos históricos, instituciones de tanta tradición como Roncesvalles, Pamplona y el hospital del Rey, en Burgos.

 En el siglo XIX la plaga de la filoxera en Europa repercute en la desaparición de algunas variedades. En la actualidad se cultivan en Galicia unas 120 variedades. Consideradas como autóctonas: entre las blancas: albariño, godello, loureira, torrontés, treixadura; entre las tintas: brancellao, caíño, espadeiro. Entre las importadas: palomino-jerez (blancas) garnacha-alicante, mencía (tintas) Hay también multitud de híbridos.

 





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