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La vitivinicultura y el vino de calidad se abren paso en Argentina

La vitivinicultura es una actividad agroindustrial característica de la provincia de Mendoza, Argentina, donde destaca en la economía con un importante protagonismo. Por tanto el viñedo da una identidad muy propia al paisaje y cultura de esta región.

Blog del Vino Argentina | 2015-01-16 10:00:09


La vitivinicultura también identifica a Mendoza  como parte relevante de su patrimonio cultural, desarrollado a lo largo de más de  cuatro siglos.

Si por vitivinicultura se entiende generalmente una actividad industrial de base  agrícola, en realidad es mucho más que eso, porque a lo largo del tiempo se ha  consolidado en torno a ella un complejo entretejido de formas culturales, que se  manifiestan en la organización y dinámica de cambios del espacio productivo, en la  formación de paisajes, en la articulación de las relaciones sociales, en la mentalidad de la gente, sus usos y costumbres, su creatividad, en el imaginario colectivo, en sus  valores, orgullos y pertenencias, en sus enlaces con el pasado y el futuro y en sus vinculaciones con el mundo.

El mundo del vino es, sin duda, plural y dinámico.  Cada región, cada terruño, cada casa vinícola tiene la facultad de elaborar un producto particular, excelente y distinto y entre todos, en conjunto, pueden conseguir un nuevo valor, el de la diversidad, que cualifica notablemente a esta bebida especial que es el vino.

Los consumidores han visto difundir en los estos años una vasta campaña para hacer conocer mejor los vinos finos en sus distintos tipos, varietales y genéricos. La apuesta por el vino de calidad y el impulso de el valor cultural  han creado el nuevo concepto de enoturismo donde los consumidores han asistido a cursos de degustación para afinar su percepción  sensorial y hacerla más apta para captar sutilezas; han admirado envases de notable  diseño, botellas vestidas con carácter y etiquetas premiadas; han asistido a reuniones  donde la presencia del vino es protagonista y condiciona una cuidada trama de  códigos de conductas refinadas, de modales, de comentarios.

El paisaje de la vitivinicultura puede definirse de manera genérica, en singular, sintéticamente, y tiene como principal componente al viñedo, que se extiende en orden, bajo un cielo despejado y soleado. Según sea la época del año, hombres y mujeres trabajadores se afanan en ciertas tareas al aire libre. Un camino rural nunca falta en este arquetipo, y tampoco la bodega elaboradora del vino, con su casa patronal. Naturaleza, industria, cultura y sociedad aportan elementos clave para la definición de este paisaje ideal, que podría representar a cualquier región del mundo.

Pero esa abstracción está lejos de la realidad, que se concreta siempre distinta, porque la fuerte presencia del soporte natural y del devenir histórico-cultural particulares de cada caso condicionan manifestaciones irrepetibles. Justamente, en esa diversidad de paisajes vitivinícolas creados a lo largo del tiempo en cada región, en cada lugar del mundo, se sustenta el valor de sus respectivas identidades.

 

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