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Las catedrales españolas del Vino, y el enoturismo.

En España se ha puesto de moda el maridaje entre vino y arquitectura. El objetivo de los bodegueros españoles es impulsar la imagen de sus bodegas, dar un salto cualitativo en el mercado y entrar, de forma indirecta, en otros negocios relacionados con el turismo enológico.

Curiosidades | 2014-07-22 14:15:48


La profusión de bodegas con el sello de reputados arquitectos españoles no es un fenómeno exclusivo de la industria española. California y Burdeos, dos de las denominaciones más famosas a nivel internacional, cuentan ya con el sello de creadores consagrados como Jean Nouvel, los suizos Herzog y De Meuron y Christian de Portzampac. En el caso de la región francesa, uno de los arquitectos españoles más reputados, Ricardo Bofill, ha levantado Château Lafite Rothschild.

En 1986, Eric de Rothschild encargó al arquitecto español Boffil la creación de una bodega de 4.000 metros cuadrados. Construida en planta subterránea a diez metros bajo tierra, lo que mejora las condiciones de envejecimiento y conservación del vino, la obra de Boffil cuenta con una capacidad para dos mil barriles. Esta nueva bodega se comunica con el resto de almacenes con los que cuenta el chateau de la familia Rothschild. En el estado de California (Estados Unidos), Herzog y De Meuron, artífices de la sede de BBVA, levantaron la bodega Dominus, un edificio creado con bloques de piedra local para aminorar el impacto visual.

Los pioneros en el maridaje vino-diseño
Enclavada en la localidad gaditana de Jerez de la Frontera, el grupo bodeguero González Byass (productores del Brandy Jerez y Tío Pepe) es considerado como uno de los pioneros en aunar bodega y arquitectura. Así, su establecimiento tiene más de dos siglos de historia. La Real Bodega de la Concha de Jerez fue inaugurada en 1862, en honor a la reina Isabel II, que visitó entonces las bodegas andaluzas. El edificio no sólo contó con un miembro de la monarquía española para su presentación, sino que en su construcción participó el arquitecto Gustav Eiffel, promotor de la famosísima torre parisina.



El nombre de la Concha se lo debe a su cúpula, que se sustenta mediante unos nervios de hierro que arrojan su peso sobre el muro circundante, dándole una forma similar a la del molusco. Otra de las bodegas históricas de la zona es la de la familia Domecq. Una de sus bodegas, llamada antiguamente Bodega de Fernando VII, que visitó las instalaciones en 1823, fue construida en la primera mitad del siglo XVIII y contiene viejos solerajes de vinos finos.

Importantes firmas están redefiniendo las rutas de enoturismo español partir de la obra de Arquitectos como Frank Gehry, autor del museo Guggeheim de Bilbao; Richard Rogers, artífice del Centro Nacional de Arte y de Cultura Georges Pompidou en París y la terminal T-4 del aeropuerto de Madrid-Barajas; y Norman Foster, creador de la Torre de Caja Madrid, en el complejo madrileño Cuatro Torres Business Area, son autores de las bodegas como la de Marqués de Riscal, del grupo Faustino, e, Ysios, de Domecq.

Marqués de Riscal por Frank Gehry
En consonancia con su representatividad en la producción vitivinícola española, en la zona de La Rioja se sitúan cuatro de las principales bodegas con sello de autor: Marqués de Riscal, Ysios, López de Heredia y Viña Real). En Ribera del Duero, en Peñafiel (Valladolid), Protos inauguró formalmente las instalaciones diseñadas por el arquitecto británico Richard Rogers. En Navarra, Grupo Chivite fue una de las primeras bodegas en apoyarse en un arquitecto reconocido, gracias a la amistad de la familia Chivite con Rafael Moneo.



Entre los círculos del entorno vinícola, circula una leyenda sobre cómo surgió la colaboración del prestigioso arquitecto canadiense-estadounidense Frank Gehry y los herederos de Marqués de Riscal. Tras varias peticiones infructuosas por parte del grupo bodeguero, Gehry aceptó una invitación en las instalaciones del grupo donde, para agasajarle, abrieron un vino de su año de nacimiento: 1929. La compañía invirtió así 70 millones de euros en la construcción de la Ciudad del Vino, un complejo vitivinícola en torno a la antigua bodega de Marqués de Riscal (1858), la más antigua de La Rioja, que incluye un hotel de 43 habitaciones y un spa tratamientos de vinoterapia.
   

Viña Tondonia por Zaha Hadid

En el caso Viña Tondonia y la arquitecta anglo-iraquí Zaha Hadid, el vínculo surgió por el interés de la familia López de Heredia en conservar el patrimonio familiar. Concretamente, una caseta de la Exposición Universal de 1910 que la familia quería recuperar para conmemorar el 125 aniversario de la empresa.

Tras contactar vía email con Hadid, galardonada posteriormente con un premio Pritzker, ésta visitó la bodega en Haro (La Rioja) y aceptó el encargo.
 
 
Portia, por Norman Foster
Portia, de Grupo Faustino, se ha unido recientemente al club de bodegas con sello de autor. Ideada por el arquitecto británico Norman Foster, la nueva bodega representa un trébol. El proyecto ha requerido una inversión de 25 millones de euros. En su superficie, de 11.300 metros cuadrados, se podrán producir hasta un millón de botellas de vino tinto al año.



El proceso de construcción incluyó una visita del equipo de Foster, que se enfrentaba por primera vez al reto de diseñar una bodega, a dos vendimias de la compañía para conocer in situ el proceso de elaboración del vino. El resultado es que cada una de las tres hojas del trébol se consagra a una fase de la producción: fermentación, envejecimiento y conservación.

Fusión

¿Por qué se ha puesto de moda el maridaje entre vino y arquitectura? El precedente es, hasta cierto punto, el Museo Guggenheim de Bilbao, diseñado por Frank Gehry, que abrió sus puertas en 1997. “Fue el punto de arranque que demostró que una infraestructura emblemática podía encabezar un cambio de estrategia de una ciudad”, asegura José María de Churtichaga, vicedecano de IE School of Architecture.

Con la feroz competencia en el sector y la crisis, es necesario buscar formas de diferenciación. La función de la arquitectura como palanca de una imagen o de un producto supuso una revolución en el sector vitivinícola español, que inició un proceso de modernización. “Optaron por aliarse con los arquitectos para impulsar la imagen de sus bodegas, dar un salto cualitativo en el mercado y para entrar, de forma indirecta, en otros negocios relacionados con el turismo enológico, como el del alojamiento”, subraya De Churtichaga. Aunque suponen un desembolso importante, este tipo de bodegas son infraestructuras rentables.

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