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Los canaperos.

Este primer post del "Filoxero", quiero dedicarlo a unos seres inquietantes que habitan y pululan por todas las ferias gastrónomicas, que sin generar negocio a los expositores, arrampan con su existencias y su escaso tiempo de feria. Autor: El filoxero

Curiosidades | 2017-05-08 09:55:33


Madrid, Campo de las Naciones, XXXI edición del Salón de Gourmets
Día D, hora H
 
El acceso por taquilla perfecto, pero una vez pasada la portería, a pie de moqueta, por un momento no sabía si estaba en una feria para profesionales, el primer día de rebajas a las puertas de los británicos Harrods, en la línea de salida de la maratón de NY o en una zona de combate.
 
¡Dios qué angustia!
 
¿El motivo? ¡Las hordas de canaperos!...Sí, esa especie de homínidos que a fuerza de carrillo, quijada y jeta se está convirtiendo paulatinamente y sin sigilo alguno en la mayor franja demográfica o mayor plaga (según se mire) que acude a los saraos, desplazando en número de efectivos incluso a esos profesionales para los que, en teoría, toda Organización que se preciara debería diseñar en tiempo y forma los eventos a su medida con el objetivo de que sus huéspedes temporales dispusieran del escenario más adecuado para hacer neg-ocio sin parar.
 
Al hilo de esto empiezo a pensar que a las poltronas que viven de todos nosotros y de subvenciones les importa más la lectura del “turnomatic” que “el pase por taquilla”…, porque el tiro de foto es lo que vale, sin duda, y eso debe ser lo único que realmente importe...
 
Pienso que si yo fuera expositor (de hecho ya no voy ni cada dos años como antes), le iban a dar mucho a quien yo me sé por “donde la espalda pierde su honroso nombre”, ya que sin duda alguna, mi empresa seguiría invirtiendo en mercadotecnia, pero me gastaría los cuartos con quien al menos tuviera la decencia y la preocupación de dirigir a nuestros stands a un número mínimo de “business en potencia” (que por cierto, es lo que te venden para que alquiles el metro cuadrado y compres otros servicios y soluciones que van en el pack) en vez de esa turba de gorrones que si te descuidas ya no es que se sirvan ellos mismos o le tiren los trastos a la azafata/o (prueba superada), es que arrasan con todo.
 
Porque se puede ser gorrón, claro que sí, pero también educado ¿no?, ¿o es que se han vuelto incompatibles de repente?
 
No digo que haya que eliminarlos de la faz ¡por Dios!, porque aunque no los trague (ya tragan ellos) creo que en este mundo maravilloso hay sitio para todos, ¿porque se pueden imaginar un tiburón sin rémoras? pero, por favor, como también tienen habilidades (por no pagar, no pagan ni en taquilla ya que siempre se las apañan para conseguir embocadura gratuita con lanyer incluido), alumbro la posibilidad a los Comités de Organización a que premien esas destrezas con la instauración, por ejemplo, del “Día del Chupóptero” haciendo coincidir estratégicamente esta festividad con el último día de la feria porque de ese afán voraz de rapiñar sin degustar que se gastan estas manadas bien lo podrían aprovechar los expositores para deshacerse del género sobrante y ahorrar de esta manera los costes devengados por la logística inversa, que intuyo no son pocos.
 
 “No hay mal que por bien no venga” ¿no?
 
 
Por otro lado, lo cojonudo es que te puedes quedar alelado, patidifuso y absorto, como mínimo, cuando contemplas como algunos de ellos, una vez se alejan de la trinchera del juego de codos y del barro del copeo y picoteo por el morro, tienen el rostro suficiente como para sacar pecho palomo, desenvainar su verbo y foguearse en debates que precisan incluso altura de miras y fondo cultural como por ejemplo, el ya cansino de “caldo” versus “vino”…; y al canapero éste, le digo yo: pero no te da vergüenza cacho perro que cuando te sirven el tinto a 25º en el stand, como es gratis, ni rechistas y ahora vas de “fisno”… ¡anda ya!, ¡que te pires!
 
Los síntomas de esta lacra son más que de sobra conocidos pero por lo que respecta a diagnosticar el tema, desde mi punto de vista no deja de ser algo así como un “cutrerío bajo el que se enmascara una más de las imperfecciones de la profesionalidad patria”, que a este ritmo, o nos ponemos las pilas o “ni está, ni se la espera”.
 
Y en pro de la objetividad debida alejada de rencores personales de autor, también es verdad que “ni son todos los que están, ni…”
 
El Filoxero.
Agitador discrecional, furtivo y marginal.
 
 
 

 

 

 

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