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Los singulares vinos de las Arribes del Duero.

La singularidad de esta comarca viene definida por las variedades empleadas: entre las tintas, las principales son la autóctona Juan García, la rufete y la tempranillo.

Enoturismo | 2016-09-28 10:37:07


El microclima es una de las características más importantes en la región para el cultivo de la vid. La incidencia de las heladas está muy amortiguada por la configuración orográfica de la comarca, y las heladas tardías son casi desconocidas.

Situada en un enclave único caracterizado por la grandiosidad paisajística de los escarpados valles por donde discurre el Duero y sus afluentes, esta denominación abarca una estrecha franja de 140 Km. de largo en el suroeste de la provincia de Zamora y el noroeste de Salamanca, por donde el río Duero hace de frontera natural con Portugal.

Y en este marco tan singular, las variedades de uva también son singulares.Si bien es cierto que las variedades autorizadas que figuran en el reglamento de la DO la mencía y la garnacha, las especiales Juan García, rufete y tempranillo son las que le dan expresión a los vinos de las Arribes.

Los vinos elaborados con la variedad de Juan García, no poseen una elevada graduación alcohólica, ni tampoco una alta acidez. Los vinos obtenidos tienen un color rojo púrpura brillante, pero su característica principal reside en su complejo y elegante abanico aromático, de frutales fragancias de bayas y frutos carnosos muy maduros, con llamativos toques especiados, que producen, como resultado final, un vino equilibrado y especialmente dotado para la crianza.

Respecto a las uvas blancas, la variedad principal es la malvasía y figuran como autorizadas la verdejo y la albillo. Al mismo tiempo, existen variedades de uva que encuentran en Arribes su última zona de producción, y que están siendo objeto de recuperación. Son ejemplos de ello la bruñal, la bastardillo o la puesto en cruz.

El tinto joven se elabora fundamentalmente con las variedades Juan García, rufete y tempranillo. Los etiquetados como crianza son envejecidos por un periodo mínimo de dos años -de ellos, al menos seis meses en barrica.

Los rosados deben contar con un mínimo de un 60% de las variedades tintas principales. Respecto a los blancos, el mismo mínimo del 60% corresponde a la malvasía, como variedad principal.

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