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Los suelos aptos para la viticultura. Suelos pobres para grandes viñedos.

Al igual que sucede con el clima, la vid posee una enorme capacidad de supervivencia en gran diversidad de suelos, siempre que no sean excesivamente húmedos. En cualquier caso, para obtener producciones de calidad, es preciso que el suelo reúna adecuadas condiciones, tanto físicas como químicas.

Cultura del Vino | 2015-09-24 14:40:06


Es necesario tener en cuenta diversos aspectos como la estructura, es decir, la forma en la que se disponen los elementos físicos del suelo (arcilla, sílice, caliza, humus). La más adecuada es la que es capaz de mantener en el terreno el volumen de espacios huecos necesarios para permitir la aireación y respiración de las raíces. Otro elemento importante es la textura del suelo, la proporción relativa de los elementos más finos como arcilla, limo y arena. Determina, junto con la estructura, la compacticidad del suelo, la posibilidad y facilidad de penetración de las raíces de la planta en los distintos horizontes, la permeabilidad al aire y al agua, la capacidad de retención de ésta última y la facilidad de evacuación en exceso, etcétera.

Las uvas maduran más temprano en suelos arenosos debido a que estos suelos se calientan rápidamente. Demasiada arcilla en un suelo formará una costra en el clima caliente que bloqueará el agua de penetrar a las raíces. Una buena mezcla de tierra para las uvas es cerca de 20 por ciento de arcilla, 35 por ciento de limo y 45 por ciento de arena.

Factores también importantes son la profundidad, el espesor del suelo que puede ser explorado por las raíces de la planta; la temperatura del terreno, que incide en el desarrollo de los procesos biológicos que tienen lugar en la tierra; el color del suelo, ya que su acción influye sobre su temperatura y la atmósfera más próxima a él, incidiendo por tanto en la maduración final de los frutos; la pedregosidad, la presencia de piedras o guijarros menudos, que afecta positivamente a la aptitud del suelo para la viña dado que mejora las  condiciones de aireación y la sanidad del suelo; y por último, la composición, ya que la vid extrae del terreno las sustancias minerales que le son necesarias para su existencia y cuya cuantía, por exceso o defecto, es determinante en la calidad del vino.

Un sistema de raíces fuertes. Necesitan suelos sueltos que tengan cerca de 3 a 4 pies (0,91 a 1,22 m) de profundidad para fomentar que las raíces crezcan profundas y propagadas ampliamente.

Existen otros factores que pueden influir. Los suelos oscuros reflejan menos el calor del sol y la luminosidad que los suelos claros. La perfecta alianza de una determinada variedad con el suelo más idóneo produce los grandes vinos. Así, por ejemplo, la Merlot cultivada en arcillas pesadas exhibe sus mejores cualidades de suavidad, finura y carnosidad. Lo mismo ocurre con la alianza de la Cabernet Sauvignon y las gravas, o de la riesling y la garnacha con los suelos de pizarra.

Algunos de los mejores terruños se sitúan en laderas de colinas bien expuestas. Esta situación tiene un doble efecto: garantizar una buena insolación y asegurar un drenaje natural del terreno.

 

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