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Los suelos especiales y uva autóctona. El secreto del vino de la Sierra de Salamanca.

Los suelos ácidos de la zona, poco comunes en Castilla y León, imprimen características organolépticas singulares y de calidad, confiriendo a los vinos una identidad particular.

Cultura del Vino | 2017-06-09 11:30:37


Estos suelos, a su vez, se pueden dividir en dos grandes grupos: pizarrosos y arenosos. La uva cultivada en suelos pizarrosos tiende a notas organolépticas muy minerales con una estructura muy marcada, mientras que la procedente de suelos graníticos tiene generalmente más longitud y suavidad en el paladar.

El microclima de la zona, Mediterráneo templado húmedo, imprime una tipicidad marcada. Las pocas precipitaciones en verano y durante el período de recolección aseguran la ausencia de enfermedades criptogámicas y la buena sanidad de la uva vendimiada.

Las uvas se recolectan con niveles de ácido tartárico elevados (superiores a 7 gramos por litro) con un contenido de azúcar elevado (GAP de 14,5º) debido a la buena insolación de las cepas en bancales, las noches frías de verano, las prácticas de cultivo realizadas de forma tradicional y a la adaptación de las cepas muy viejas que caracterizan a la zona, permitiendo una buena madurez industrial y polifenólica. Esto dota a los vinos de una gran capacidad de guarda.

El terruño de la D.O.P. «SIERRA DE SALAMANCA» da lugar a blancos equilibrados, con notas aromáticas vegetales, frutas blancas y florales. En boca resultan untuosos y largos, con una acidez equilibrada resultado del clima y suelo de la zona. Tienen un toque mineral procedente de los suelos del territorio y aguantan bien el paso del tiempo.

Las tres variedades tintas han seguido un proceso evolutivo durante siglos, gracias al cuidado de generaciones de viticultores expresando el terruño en los vinos elaborados con ellas. La variedad autóctona de la Sierra, la Rufete da lugar a vinos muy particulares, con notas a frutos rojos, especies y plantas de bajo monte; con taninos elegantes y especiados. La Tempranillo y la Garnacha Tinta, altamente adaptadas a la zona se diferencian de otros ecotipos de la Península.

La primera resulta muy balsámica, con toques especiados y la segunda con predominio de fresa de bosque ácida y mucha mineralidad. Es

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