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Los vinos de las Rias Baixas. Esencia atlántica.

Por su clima, próximo al límite del cultivo de la vid, la Denominación de Origen Rías Baixas está plenamente integrada en la gran región atlántica dando lugar, por lo tanto, a vinos que la literatura especializada clasifica como atlánticos.

Denominaciones | 2015-08-25 14:11:07


Las bodegas de las Rias Baixas, completan cada una de ellas una historia, con un denominador común, el Atlántico. Se vuelve una oda a la uva, al Albariño, al mar, y a esta tierra atlántica, que es cuna de grandes vinos, que es el hogar de grandes historias.

Corría el año 1988 cuando un grupo inquieto de viticultores y bodegueros apuesta por el impulso y la aprobación de la D.O. Rías Baixas y su Consejo Regulador. Ahora, este conjunto de visionarios se ha convertido en un sector profesionalizado con un prestigio internacional, que le ha valido el reconocimiento de los mejores críticos del mundo debido a la calidad de sus vinos, cuyas dos últimas cosechas, la del 2005 y 2006, han obtenido la máxima calificación: Excelente.

Esta evolución no ha sido fruto de la casualidad sino del trabajo constante de un sector concreto que conjuga tradición, puesto que no pierde la referencia del terruño y de la personalidad de los vinos que proceden de ellos, y modernidad, patente en la última tecnología que se emplea en las bodegas.

Son varias las particularidades que definen a esta D.O. gallega. En primer lugar sus 3.200 hectáreas se dividen en cinco subzonas: Val do Salnés, Condado do Tea, O Rosal, Soutomaior y Ribeira do Ulla, todas ellas situadas en la provincia gallega de Pontevedra. Además, esta denominación está formada por un gran número de parcelas pequeñas: en la actualidad hay registrados 6.307 viticultores, 19.206 parcelas y 186 bodegas. Esta atomización de la viticultura es el resultado del minifundismo característico de la estructura económica de Galicia.

Por último, esta zona comprende un ecosistema que por su orografía, sus suelos y su climatología (integrada en la región Atlántica, el océano marca claramente su influencia, con precipitaciones abundantes a lo largo del año y temperaturas suaves que evitan peligros como las heladas primaverales o los granizos) es especialmente apto para la elaboración de blancos de calidad de variedades resistentes y vigorosas, como lo es la estrella de esta denominación: la uva Albariño.

Con relación a las variedades, la Albariño es la de mayor producción (casi 29 millones de kilos de uva en la última vendimia, lo que supone un 92% de la cosecha) y la estrella de esta denominación. Esta uva da como resultado un vino original, fresco y profundo, de sabor persistente y aromas que evocan a manzana y, simultáneamente, mantiene una riqueza en ácidos que muy pocas variedades consiguen en todo el mundo. Todo ello hace del Albariño un vino fácilmente reconocible.

Los vinos monovarietales de Albariño tienen un color amarillo-pajizo, brillante, con irisaciones doradas y verdes. En la nariz poseen aromas florales y frutales finos y distinguidos, que impresionan agradablemente, de intensidad media y de duración medio-larga. En la boca son frescos y suaves, con suficiente cuerpo y grado alcohólico, acidez equilibrada, armoniosos y con amplios matices. Su retrogusto es placentero, elegante y completo.

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