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Los vinos tintos de Castilla y León, similitudes y diferencias.

Los vinos tintos de distintas denominaciones dentro de una comunidad, tienen diferencias remarcables, aunque a veces coinciden en las variedades utilizadas. Veamos algunos ejemplos

Denominaciones | 2014-10-30 13:04:49


Las denominaciones de Toro y El Bierzo son las que elaboran los vinos más valorados, mientras que los tintos de Cigales son más redondeados y agradables al paladar, tienen una muy buena estructura tánica y alargan las sensaciones gustativas. La omnipresente tempranillo, con sus variantes de tinta del país o tinta de Toro, marca las características organolépticas. En los vinos del Bierzo, la menda produce tintos potentes con una equilibrada acidez que los hace más ligeros.

Un factor que modifica los colores de los vinos de Castilla y León es la acidez propia de las zonas frías, aspecto que incide en el hecho de que, cromáticamente, los vinos parezcan más jóvenes de lo que son en realidad. De este modo, si comparamos un vino de estas denominaciones con un rioja o un penedés con la misma crianza, las intensidades y los matices se hacen evidentes. Los vinos jóvenes presentan colores de juventud, brillantes e intensos que, al evolucionar, pierden la capa de color y el brillo. En vinos con crianza, aparecen las tonalidades granates, cereza picota y, si son más viejos, caobas. La capa de color vendrá dada por su intensidad.

Los colores del tinto son violeta, púrpura, ciruela, cereza picota, granate, rubí, castaño, caoba, si son jóvenes; teja, si han sufrido un periodo de crianza mínimamente largo. Para apreciar los ribetes, comparemos un tinto joven con un crianza. Si comparamos los meniscos, tendremos claros los reflejos.

Los aromas más intensos y complejos aparecen en los vinos de la D.O. Toro.

Los vinos del Bierzo son generalmente más maduros, y los de Cigales, cuando están en plenitud, se encuentran a medio camino entre los dos anteriores.

En los vinos tintos jóvenes, los aromas van muy ligados al tipo de elaboración.

Los elaborados con tinta del país en su gran mayoría recuerdan a frutos negros (moras, arándanos). Son aromas intensos y profundos con matices lácticos cuando intervienen las maceraciones carbónicas. En tintos con crianza, los aromas se vuelven más complejos y las fragancias frescas desaparecen, las frutas se secan y aparecen los caracteres pasificados. Las notas aromáticas que encontrarnos en estos vinos son: frutos negros y rojos (moras, frambuesas, arándanos y grosellas), flores (violeta y lilas) y vegetales (raspón de uva maduro, regaliz y sotobosque). En los vinos de crianza también encontrarnos el aroma a flores (tomillo, flor seca), a fruta (confitada o seca), a vegetales (pimiento, tabaco), a confitería (compotas, mermeladas, miel), a madera (roble, ahumado, tostado, quemado), a especias (vainilla, coco, canela, clavo, nuez moscada), balsámicos (eucalipto, resina) y animales (cuero, piel de animal, silla de montar, jugo de carne).

En cuanto a su sabor, los vinos de Toro presentan una buena estructura tánica sostenida por una acidez que hace ligeros vinos con buena consistencia; los vinos del Bierzo son vinos más sedosos y maduros que deben redondear bien su marcada acidez (en los viñedos viejos es donde se equilibran mejor); Y los tintos de Cigales son más redondos y aterciopelados. Hay que tener en cuenta que estos rasgos son muy generales y dependen de muchos factores.

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