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Lugares con encanto donde hacer enoturismo: Comarca de Monterrei, Galicia.

La disposición de la comarca de Monterrei, situada en un valle y atravesada por el río Támega, permite a los visitantes disfrutar de unos parajes de gran belleza en los que destaca la enorme riqueza en flora y fauna, pueblos tradicionales y por supuesto el buen vino.

Enoturismo | 2016-03-22 13:30:22


En este entorno incomparable, las actividades al aire libre se convierten en el reclamo perfecto para los amantes de la naturaleza. Y también para los amantes del vino.

El enoturista puede acudir a esta comarca a disfrutar de unos vinos gallegos muy especiales. La Ruta del Vino Monterrei se encuentra en una comarca con gran riqueza tanto cultural como agrícola, jugando un papel muy importante la viticultura dentro de la agricultura comarcal. La Ruta del Vino pretende fomentar y promocionar los vinos, el turismo enológico, los sectores de la hostelería, restauración o tiendas especializadas y, en definitiva, la comarca de Monterrei de un modo integral.

Los viñedos de la Denominación de Origen (D.O.) Monterrei se extienden por los ayuntamientos de Castrelo do Val, Monterrei, Oímbra y Verín, en la parte oriental de la provincia de Ourense, extremo sureste de Galicia, en la frontera con Portugal, ocupando las laderas de los montes y los valles regados por el río Támega y sus afluentes, que comprenden una extensión de 650 ha. El castillo de Monterrei preside y da nombre a la comarca de producción, que ocupa una superficie de 3000 ha.

Hacer enoturismo por los pueblos de la comarca es una delicia. Dispersos por todo el valle, como un magnífico ejemplo de la arquitectura tradicional gallega, en el que se conservan las construcciones a base de materiales nobles, como la piedra o la madera.

La conjunción de suelos y clima peculiares, junto con la tradición vitivinícola, heredada de generación en generación, permiten extraer de las viejas variedades unos caldos con personalidad inimitable, por lo que resultan unos vinos blancos de color amarillo pálido o color pajizo, con irisaciones doradas, potentes en la nariz, con aromas frescos y fruta madura. En la boca, frescos, afrutados y con una cierta punta de acidez que equilibra y compensa el grado alcohólico (12-12,5º) y un final ligeramente amargo.

En cuanto a los vinos tintos es de destacar que poseen un intenso color morado, con tonos violáceos o cereza, sobresaliendo su potente aroma con notas de frutas del bosque y frutos rojos (frambuesa y fresa). En la boca se aprecia acidez y alcohol (12,5º), armoniosos y perfectamente combinados, frescos y con sabor a fruta roja madura.

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