LLAMANOS 34 91 535 89 90

Más que uva.

Todos conocemos en líneas generales los usos y bondades que el vino es capaz de aportarnos: el sabor, la sensación, la fragancia, pero cuando la uva se deja conocer un poco mejor, se abre un mundo de posibilidades. Autora:Ana Verónica Berdejo Fariña

Concurso Enoturismo 2016 | 2016-03-28 10:03:30


Desde un enfoque meramente turístico, las actividades relacionadas con el consumo y disfrute del vino son históricamente recientes, ya que fue en el siglo XIX cuando el enoturismo surgió como una forma turística de especial interés, aunque podemos concretar que las visitas a bodegas datan de un período mucho más antiguo, pues existen registros de que ya habían viajes organizados con este propósito en la época del Gran Tour, aún más, incluso desde la época de la antigua Grecia y Roma.

Siguiendo a Elías (2006), define esta tipología turística como los viajes y estancias dirigidas al conocimiento de los paisajes, las labores y los espacios de la elaboración del vino, y las actividades que acrecientan su conocimiento y adquisición y pueden generar desarrollo en las diversas zonas vitivinícolas. También otra definición bastante completa propuesta por el proyecto VINTUR, y desarrollada por la Red Europea de Ciudades del Vino (RECEVIN), la detalla como: el producto que consiste en la integración bajo el mismo concepto temático de los recursos y servicios turísticos de interés existentes y potenciales de una zona vitivinícola.

Una vez concretada esta modalidad turística, y haciendo honor al título de este artículo, llega el momento de ir un paso más allá, donde rompemos con los moldes instaurados desde un primer momento, que, como consumidores, podemos tener preestablecidos a la hora de visualizar esta práctica turística, y redirigirnos a otras formas de “hacer enoturismo”, asociándolos a dos ámbitos no tan conocidos y que sin embargo, este “néctar de los dioses”, tal como lo denomina la mitología griega, es capaz de propiciar. Hablamos de dos áreas: salud y belleza.

En primer lugar, podemos concretar los beneficios para la salud que supone tomar una copa de vino, e incluso en determinados productos alimenticios, donde el uso de la uva denota una serie de utilidades como: su capacidad para prevenir enfermedades cardiovasculares, genera antioxidantes, posee efectos antiinflamatorios..., que lo convierten en un producto de gran valor.

La simbiosis vino-salud, aunque con detractores, va mucho más allá, generando otras fórmulas de disfrute para un consumidor, que ha sabido aprovechar las bondades que esta materia prima provee. Entre las cuales podemos destacar actividades como la vinoterapia o enoterapia, consistente en la utilización de las propiedades del vino para la mejora del aspecto de la piel y relajación, cuando se traslada a lo que comúnmente conocemos como spa y centros de estética. Tiene sus orígenes en la región de Graves (Francia), emplazamiento donde se encuentran algunas de las bodegas y viñedos más antiguos de Europa, y que progresivamente, la práctica de esta terapia alternativa, se extendió a otros países como España e Italia, e incluso a Latinoamérica.

Es interesante destacar que, según la tipología de vino empleado para estos tratamientos dirigidos al “wellness”, extraemos diferentes propiedades y por tanto, distintos efectos sobre nuestra piel: unos son ricos en minerales y favorecen su elasticidad, otros son ideales para masajes ya que colaboran en el logro de la relajación del individuo que los recibe, así como aquellos que intervienen en la eliminación de células muertas y están indicados para tratamientos de rejuvenecimiento tanto facial como corporal.

Aquí se abre un interesante nicho de mercado, donde el consumo del producto enológico es completo. Desde un prisma turístico, un usuario susceptible a adquirirlo, también puede hacer usos más convencionales del mismo, como: cata y degustación, su conexión intrínseca con la gastronomía, visitas a museos, viñedos e incluso a la realización de rutas inspiradas en este tono enológico, tal como reflejan Vachiano y Cardona (2013).

Aun así, es preponderante hacer aprecio de esta nueva concepción del uso enológico, hasta ahora sólo disponible para unos pocos, y que con la era de los “wine lovers”, la relevancia que el culto al cuerpo y al bienestar que ha impregnado a la sociedad en la actualidad, así como la aparición de un público cada vez más exigente y deseoso de degustar nuevas experiencias y productos turísticos, se abre un nuevo abanico de posibilidades tanto a nivel de oferta como de demanda. Sólo son necesarias las labores de: información, especialización, marketing y comercialización de este producto, para acercarlo al consumidor y lograr así una manifiesta apertura de un mercado potencial.

En conclusión, cuando hablamos de que el turista vitivinícola “experimenta con los sentidos”, no sólo hacemos referencia al consumo del vino en sí, sino a que cualquier enoturista, con independencia de sus conocimientos en esta materia, puede apreciar y experimentar la riqueza que aportan los componentes que dicha materia prima es capaz de proveer, haciendo posible un mayor y más completo disfrute de esta tipología turística. Ante lo cual, prácticas tradicionales y novedosas convergen generando un producto más rico, variado, diferenciado, competitivo e incluso completo, capaz de sumergirnos en un campo vivencial hasta ahora relacionado sólo con el turismo de salud – belleza, y que se alejaba significativamente del mundo enológico por completo.

Esto nos puede hacer reflexionar sobre cuántos nuevos agregados y beneficios podremos sacar en un futuro de la uva, qué nuevas posibilidades turísticas nos deparará, qué nos falta por descubrir en ese horizonte temporal que pueda conectar el enoturismo con nuevas vivencias, experiencias y actividades, y que sirvan de foco dinamizador del mismo. Estaremos a la espera de descubrirlo y cómo no, de disfrutarlo como se merece.

    • Cargando...
    • Cargando...
    • Cargando...