LLAMANOS 34 91 535 89 90

Me atrevería a contarte… ¡Mi querida España!.

Pensaba recorrerte, y nunca pensé que fuese de esta manera, disfrutando de tus gotas, de tu identidad y tu vanidad… de tu locura y tu sensatez… de lo que nos da la vida y la libertad. Autora: Eva Lucia Meneses Hernandez.

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-03-31 17:25:26


Cada día despierto "soñando" como sería una vida llena de sensaciones únicas de esas imposibles de palpar... De esas que con solo olerlas, sentirlas y buscarlas eres capaz de destripar toda una vida. Arraigada  a la tierra y que une tradición y culturas... el vino y su disfrute, desgaste y movimiento, si, movimiento que te lleva a distintas zonas con increibles paisajes de mi querida España. Pueblos con sabor a vino, románticos, engreídos, y soberbios campos de cepas donde el pasear por ellas a día de hoy es todo un placer, que une sabor, cultura y lo mejor.

Discurriendo sentada, sobre este gran fenómeno llamado "Enoturismo”, recuerdo con añoro, mi último viaje… hace poco tuve suerte de conocer la Gran Ribeira Sacra... ¡Paraíso banal!

Lo que une esta tierra con el universo se siente en cada paso por donde estuve.

De camino a la aventura de aquel viaje ya sentía lo bonito que es este lujo del cual todos podemos disfrutar, que es el turismo por nuestras tierras. Me llamo la atención un pueblin, Otero (León), donde la sensación de libertad y recuerdos te atrapaba sin el más mínimo pudor. Y es a través de sus paisajes y el suave hablar de los aldeanos, hacen que el beber de ese vino, esa templanza, sabor y olor te lleven bajo ese éxtasisen el cual eres capaz de comprender algo parecido al paraíso. No exagero no...

Ella nos puso su esencia en la copa, de aquella bodega, pequeña, bonita y cuidada, con ese aire especial que solo ellos saben ponerle; Aquel SIETE CUARTALES, supo decirle a mi cuerpo lo sabia que fue la naturaleza creando al hombre para realizar vino...  Completada aquella jornada escandalosa de viñas, atavíos y muy buenas viandas, mi cuerpo pedía descanso en la más absoluta nitidez de los cielos, que por momentos amenazaban tormenta, era hora de poner mis pies en aquel Pazo "Casa Grande de Rosende", aquel toque sonoro a la puerta. Dejo mis ojos clavados en sus amplias escaleras de piedra, de la que cada peldaño se escapaba una historia... "La Historia jamás contada". Pasillos que recordaban a mazmorras, habitaciones señoriales agradablemente sobrecogedoras, todos y cada uno de nosotros  pusimos nuestro granito de arena para que aquella noche fuera más que apasionante... Rodeados de aquel "gran museo" cenamos entre los más de 500 años de la solera de sus piedras... Piedras, que gritaban y hacían recordar que todo en esta vida esta lleno de momentos, cada uno distinto al siguiente así que...

Disfruten hoy ustedes q pueden... mañana seguramente será otro día…

Y así fue… Febrero se porto bien a su llegada, y el despertar en aquel Pazo, con olor a bollería fresca, no tenia precio… me llego a recordar a mi infancia… a ese café recién hecho de puchero que mi madre todas las mañanas preparaba con tiento, y que rociaba con su olor todo el portal .

Salte de la cama… y digo saltar literalmente, porque esas camas, ¡Dios Mío!, realmente eran altas, pero muy  cómodas.  Casi con los ojos cerrados, abrí la imponente ventana que daba a mi alcoba, y una suave niebla cubría por completo una imagen que a lo lejos dejaba ver interminables viñas, bien adornadas y perfectamente alienadas… imagen que concuerda con lápices en estuches casi sin empezar y con un colorido absorbente. Una especie de paz “no identificada”  recorría mi cuerpo, hasta que un grito firme pero largo, espabilo aquel agradable ritmo en el que me encontraba; mi compañera siempre dispuesta que no lleguemos tarde a ningún sitio.

Aquel día prometía, susurraba Gemma, que no paraba de tatarear aquella canción que no puedo quitar de mi cabeza… “y quien maneja mi barca, quien que a la deriva me lleva, quien. Terrible pero fantástica a la vez, grandes momentos, compañera de viaje!

Abroche mi chubasquero, colgué mi enorme bolso a mi hombro y la dije, Vamos Capitana... ¡continuemos con la batalla!!

Y eso hicimos. Rumbo a al Cañón del Sil,  capitaneado por su botella y aroma a libertad.

    • Cargando...
    • Cargando...
    • Cargando...