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Paciencia, evolución, pasión.

“Para ahogar el rencor y acunar la indolencia de todos estos viejos malditos que mueren en silencio, Dios, tocado por los remordimientos, había hecho el sueño; ¡El hombre agregó el Vino, hijo sagrado del Sol!”. Autor: Ismael Macías Rodríguez.

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-02-19 16:47:44


Así termina una fascinante poesía de Charles Baudelaire, “El vino de los traperos”.  El mundo del vino va de la mano de la hostelería y la restauración. A su vez, existe una reciprocidad y necesidad de movimiento, con la sociedad, la cultura. Actualmente estamos viviendo un proceso de cambio, un progreso no solo a nivel social, sino cultural, de ética y moral. Todavía nos queda mucho que recorrer, aunque la riqueza existe en esa paciencia hacia el progreso.

Hasta hace nada, desarrollarse profesionalmente en la hostelería o en restauración era considerado como un trabajo de reciclaje, donde no se necesitaba ni estudios, ni preparación, ni experiencia. Afortunadamente el ser humano avanza, considerando ciertos aspectos que antes desconocía. Hoy encontramos una mayor apreciación hacia este sector profesional donde reina el estudio, el aprendizaje continuo y constante, pero sobretodo el trabajo y sacrificio. De la mano va la enología, podemos ver el levantamiento y auge que le ha supuesto al “Vino” todo este proceso de cambio.

El principal denominador común, que tienen en esa relación de simbiosis el “Vino” y la hostelería, restauración, es el amor al trabajo. Este cambio, todo este desarrollo profesional, este avance, se debe a que los propios trabajadores se han percatado de la maravillosa oportunidad que ostentan, la ilusión y el sueño, el trabajo y el sacrificio, amar tu profesión.

Esta ingenuidad nos ha llevado a niveles divinos, a estructuras complejas que reflejan el minucioso y espectacular trabajo de viticultores, vinicultores y enólogos. Todo ello sin olvidarnos del cliente. Como hemos visto anteriormente, el cliente no es más que un reflejo de la sociedad, esa sociedad de cambio y búsqueda de sensaciones nuevas.

Cada vez nos encontramos más clientes con espíritu aventurero, no por explorar el más recóndito restaurante o experiencia a nivel geográfico, sino más bien, buscar y sentir cerca sensaciones nuevas. Es ahí donde el “Vino” es nuestro principal elixir.

Si bien, se sabe que el mercado actual se puede dividir en cuanto a oferta: Vinos que ofrecen un nivel mínimo de técnica de elaboración; Vinos modernos elaborados con fines muy concretos; Grupo tradicional; Grandes Vinos, con historia. También se divide en demanda: el consumidor y el connaisseur. Pero ante tal cambio de la sociedad, estos conceptos cambian y se dividen. Añadiría un nuevo demandante con el que disfrutamos cada día en la restauración, yo lo denominaría “l'Aventurier”, (“El aventurero”). Aquella persona que se preocupa por aprender, estudiar y asistir a catas de forma autodidacta, enfrentando y absorbiendo información con los distintos profesionales del sector, ya sean viticultores, vinicultores, enólogos, sumilleres o profesional de la hostelería.

Esta persona es el demandante en auge en nuestro sector, es tal, que incluso empresas vitivinícolas abren sus viñedos, sus fincas y le ofrecen hospedarse en sus fabulosas estancias. Disfrutar así de todas las sensaciones y sentimientos que se producen alrededor de la vanidad de la uva.

A través de estas actividades son numerosas las empresas que elaboran sus vinos con otros varemos, no con esos iniciales, con fórmulas casi matemáticas para darle una denominación temporal. Ahora hay mucha más libertad para el enólogo, libertad para crear, para madurar, para envejecer, para fermentar, para amar al vino. Y es que si relacionamos éste con el sentimiento en sí, debe de haber esa libertad, esa aventura.

Por eso son cada vez más esos clientes, que cuando tienen la necesidad de acudir a un restaurante y acompañar su menú, intentan hacerles saber al sumiller que quieren descubrir y notar sensaciones nuevas. Quieren probar, regocijarse en elaboraciones y no fabricaciones. Buscan “esto no es para muchos, sino para ti”.

Emana una cultura, un aprendizaje de distintas bodegas con historia que inyecta un alma, un sello y un trabajo al “Vino”. Este Aventurero es capaz de leer, o por lo menos lo intenta, de sentir e invocar ese espíritu tan logrado por bodegas, enólogos y sumiller. A su vez este último, intenta guardar sus tesoros en las cavas, para cuando llegue este tipo de cliente ofrecerle las más inverosímil y sorprendente oferta, donde se produce una venta y disfrute, presidido con un mutuo baile de complacencia.

Esto nos ha hecho evolucionar, este estudio y comprensión de estas personas, nos ayudan a mejorar día a día en todos los ámbitos del “Vino”. Nos encontramos con bodegas y enólogos con varios productos elaborados a conciencia, con mimo, con amor y esfuerzo.  Toda esta pasión se ve reflejada en la comprensión del mercado y demandante, que aguarda con paciencia la próxima añada, el próximo elixir.

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