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Paraísos para hacer enoturismo: Sant-Emilion, Burdeos.

Saint-Emilion es único en su género por la importancia de sus propiedades vitícolas, la calidad de sus vinos y la majestuosidad de su arquitectura y sus monumentos.

Enoturismo | 2016-07-07 16:26:04


En 1999, y por primera vez en el mundo, un paisaje vitícola figura en la lista de lugares inscritos en el Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO, que considera a Saint-Emilion «un ejemplo destacado de un paisaje vitícola histórico que se ha mantenido intacto» y que prosigue su actividad en la actualidad.

Saint Emilion es un pueblo de algo más de 2.000 habitantes, situado a unos 35 kilómetros al noreste de Burdeos. Entre sus grandes atractivos están sus calles estrechas y empinadas y una zona subterránea con catacumbas medievales que es uno de los grandes atractivos del pueblo.

Los vinos de Saint Émilon englobados en vinos de la zona de Burdeos o Bordeaux, poseen el distintivo de calidad AOC (Appellation d’origine protegée) de Saint Émilion. Los romanos plantaron viñedos en lo que se convertiría con el tiempo en Saint-Émilion ya en el siglo II a. C. En el siglo IV, el poeta latino Ausonio alabó el fruto de la copiosa vid.

Como en Pomerol y las otras denominaciones de la orilla derecha de la Gironda, las principales variedades vitíferas usadas son merlot y cabernet franc, usándose también cantidades relativamente pequeñas de cabernet sauvignon en algunos châteaux.

Como cabe esperar este paraje es un paraíso entre viñas en el que los enoturistas pueden degustar grandes vinos. Así, la variedad de sus vinos se explica con la extraordinaria diversidad geológica (suelos calcáreos, suelos arcilloso-calcáreos, suelos de gravas, y suelos de arena) así como un microclima perfectamente adaptados a la viticultura.

Esta mezcla, junto con el cuidado atento que le tienen los profesionales a la vid ofrece condiciones ideales para nutrir y para hacer madurar al merlot, cepa la más utilizada en esta región. Los Saint-Emilion jóvenes tienen lo redondo, la generosidad y la nota de frutas que lo caracterizan, y se expresan con sus aromas de frutas negras y de frutas rojas. A lo largo del envejecimiento, su potencia se transforma en delicadeza y elegancia. La crianza en barricas añade una gran complejidad aromática con percepciones de ahumado, de tostado o de torrefacto, el envejecimiento en botella pone de relieve las notas de especies, de minerales y los aromas de trufa que hacen lo delicado del bouquet.

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