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¿Qué tienen que ver la cultura del vino de Francia con los vinos de Sudáfrica?.

La cultura del vino de Francia y las formas de producción tienen bastante influencia en una región tan alejada como Sudáfrica, descubre porqué.

Cultura del Vino | 2017-04-17 18:20:08


Simon van der Stel llegó a Sudáfrica en 1679, enviado por la Compañía de las Indias Holandesas. Su misión se basaba en organizar el intercambio, con los nativos sudafricanos,   para abastecer de alimentos y agua a los  barcos que llegaban de su Compañía. Simon, que era un apasionado del vino, enseguida se dio cuenta de las posibilidades que el terreno africano ofrecía y decidió crear un viñedo para que sus conciudadanos siguieran su ejemplo.

Con la excusa de producir vino para su uso y disfrute personal y para los marineros que llegaban a tierras sudafricanas, concretamente, a Ciudad del Cabo, fue creando, poco a poco, lo que hoy en día es uno de los viñedos más importantes del mundo, el Groot Constantia. Pero pronto Simon se encontró con el problema del poco bagaje de los holandeses a la hora de trabajar la vid y el campo.

Es entonces cuando decide traer a franceses, expertos en vino, que recibieron una zona cerca de Ciudad del Cabo que, también, tenía un problema añadido. Y es que se trataba de una zona de cría de elefantes llamada Oliphantshoek. Aún así, aquellos expertos europeos debieron dar con la tecla para acabar con el problema porque, hoy en día, es una zona muy conocida, Franshhoek, el rincón de los franceses. También los ingleses, con su dominio de finales del siglo XVIII y casi todo el XIX se aprovecharon de la región de El Cabo, posicionándose como un lugar de caldos única y exclusivamente para los británicos.

En 1885, la filoxera, un parásito que ataca a la vid y la destruye, acabó con casi todas las plantaciones de Ciudad del Cabo. El intenso esfuerzo de replantación posterior tuvo como resultado un importante aumento de la producción que pronto se vería truncado por las dos Guerras de los Boers que enfrentaron a afrikáners y británicos y acabaron con el mercado interno. Es ya en el siglo XX cuando se crea, oficialmente, la cooperativa, KWV (Kooperatieqe Wijnbouers Wereninging van Zuid-Afrika Beperkt), y toda la industria del vino queda bajo su control. Las imposiciones del modelo cooperativista, que implica la compra a un precio mínimo de todo el caldo que pasa por el KWV y, por otro lado, que las áreas de cultivo se organizan según zonas de demarcación histórica, no siempre las adecuadas para tener una uva de primera calidad, hizo que la industria decayese.

No fue hasta la década de los 70, cuando Sudáfrica comienza a expandir su industria del vino. Sus viticultores viajan bastante a Burdeos, en Francia, para conseguir la última tecnología y aprender el arte del vino de la mano de los maestros franceses. Esto hace que los vinos sudafricanos respondan a una importante influencia francesa, en concreto, bordelesa, con la introducción de cabernet sauvignon, merlot y cabernet franc.

Sin embargo, esa época dorada se vio frenada por la imposición de importantes sanciones internacionales al comercio de productos sudafricanos durante los 80. Fueron los dorados 90 cuando se acabó con el monopolio de KWV y las estrictas reglas, lo que supuso que Sudáfrica se posicionase, de nuevo, en el mercado internacional de los caldos. Esta es la historia que escribe el noveno país productor de vino del mundo, que cuenta con una superficie de viñedos de 160 km de los que se sacan, anualmente, más de 600 millones de litros, exportando la cuarta parte de los mismos.

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