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¿Sabes acompañar tus platos con el vino que mejor se adapta?.

Hay ciertas reglas, que permiten que un plato realce un vino, y viceversa, que un vino realce un plato. Estas son las llamadas reglas de maridaje, existen algunas clásicas y otras más experimentales, aunque la elección final es del comensal.

Maridaje del Vino | 2016-01-07 17:26:40


Son algunas reglas del maridaje, las que conviene detenerse a considerar y conocer. Saber situar un vino en un determinado lugar del menú forma parte del bagaje que ha de portar consigo cualquier persona interesada en la gastronomía, sea como profesional (cocinero, sumiller), como investigador o como aficcionado al mundo del vino, que hunde sus raíces en lo más profundo de nuestra cultura.

Una perspectiva útil puede ser pensar en el vino como una prolongación del proceso final de fin del plato, como una última salsa que debe proporcionar una satisfacción final al paladar.

En el transcurso de la comida, pretendemos instintivamente cierta armonía entre los sabores de lo que bebemos y de lo que comemos. Estas impresiones alternadas, que en momentos se sobreponen, no deben contradecirse ni neutralizarse, deben ser paralelas y, si es posible, realzarse mutuamente. La armonía debe conseguirse al mismo tiempo en lo que se refiere a la intensidad de las impresiones, en lo atinente a su naturaleza y en lo que respecta a su calidad.

El comensal suele buscar asesoramiento para conseguir un vino que se avenga para todos los invitados. En la práctica, a menudo sólo en los menús de degustación se pueden hacer varias escaleras de gustos y tener diversidad.

Por ejemplo, algunas cosas a tener en cuenta:

Vinos muy ácidos: refuerzan y dan vida a platos con poca sal, como pescado, pollo hervido, crema de champiñones, etc.

Taninos y sal: Son sustancias reñidas. El ejemplo claro es el queso de cabrales o roquefort con vinos tintos ricos en taninos jóvenes y astringentes.

Vinos con alta graduación alcohólica: ayudan a digerir los manjares grasos, pues el alcohol disuelve las grasas durante la digestión.

Vinos dulces y de licor: buen acompañamiento para los foies, quesos azules, muy secos y ácidos (picantes).

Vinos tintos redondos: ensamblan bien con quesos blancos.

Vinos rosados: combinan bien con la charcutería. Son suaves con algún pescado salseado, y con carnes blancas y paellas.

Así se puede hablar de reglas básicas para beber vinos con comidas:

1.-Vinos blancos con pescados.

2.-Vinos tintos con carnes rojas.

Las reglas actuales toman patrones básicos, que hace que un plato funcione con un vino concreto. Hay que tener en cuenta lo siguiente:

1.-Maridar el cuerpo y las características del vino con la comida.

2.-La riqueza e intensidad del vino con la riqueza e intensidad de la comida.

3.-Maridar la acidez de la comida con la acidez del vino.

4.-Maridar el sabor dulce de los vinos con el sabor dulce de las comidas. (Frutas, miel, almendras, comidas con pimienta).

5.-Maridar las comidas frías con vinos ligeros.

Al fin y al cabo son pautas a seguir, pero como dice el refrán sobre gustos no hay nada escrito.

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