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¿Sabes cómo influye la lluvia en el viñedo?.

La lluvia es uno de los factores climáticos que incide de una manera muy importante en los cultivos, las viñas no necesitan abundante agua, pero si unas condiciones concretas dutante su ciclo vegetativo.

Producción de Vino | 2016-02-18 10:33:48


La precipitación en forma de lluvia es un índice natural ecológico de gran importancia en el desarrollo de la vid, porque ejerce una influencia decisiva sobre la cantidad y la calidad de sus productos ya que, junto con los regímenes de temperatura e hídricos del suelo, determina el agua disponible para la planta: así interrelacionan clima y edafoclima.

La lluvia también puede causar daño al viñedo si esta ocurre a destiempo o es torrencial, partiendo de que lluvia torrencial es dañina para cualquier tipo de cultivo. Las lluvias de otoño e invierno son las que revitalizan el viñedo y evitan el déficit hídrico. Son necesarias en este periodo ya que la falta de agua afecta a las plantas en sus procesos de crecimiento expansivo, polinización, cuajado de frutos y fotosíntesis. Las lluvias invernales permiten que al comienzo de la primavera la vid vaya desarrollando un crecimiento homogéneo.

Sin embargo no son tan bienvenidas las lluvias primaverales. Abundantes precipitaciones con jornadas de altas temperaturas y humedad, con días soleados antes y después del paso de las borrascas, éstas constituyen el caldo de cultivo ideal para el desarrollo de plagas o enfermedades como el mildiu, el oidio y la botritis.

Las necesidades de agua dependen de la finalidad cuantitativa y cualitativa de la producción. Tradicionalmente se considera que la acción del riego es positiva cuando el aporte global de agua durante el período de vegetación es inferior a 360 mm, y no se considera necesaria cuando este aporte es superior a 500 mm. Asimismo, se admite de forma general que la viña necesita de 300 a 500 mm de lluvia desde el desborre hasta la maduración y entre 250 y 700 litros de agua para la producción de 1 kg de materia seca, lo que representa aproximadamente entre 700 y 1000 litros por cepa.

Los regímenes secos favorecen la reducción del desarrollo vegetativo y de la producción, así como la parada estival, el acortamiento del ciclo y el período de maduración, la baja acidez, el color intenso y los elevados contenidos en azúcares y tasas de agostamiento. Las lluvias excesivas pueden favorecer situaciones negativas como el desarrollo de enfermedades (mildiu y botrytis), la provocación de arrastres, la asfixia de las raíces si hay mal drenaje, el corrimiento durante la floración, la rotura de bayas en la maduración, etc.

En la Península Ibérica, la isohieta de 700 mm es un buen límite superior para la justificación de la distribución del viñedo de calidad, aunque la relación no es tan determinante como en el caso de la insolación‑temperatura; el límite inferior no es significativo debido principalmente a que las condiciones hídricas limitantes son más fáciles de solucionar.

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