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Sobre los orígenes del vino

El extracto sobre un ensayo que nos habla de los origenes del vino y la cultura vinculada a este en el trasncurrir de las civilizaciones mediterráneas más importantes.

Cultura del Vino | 2014-12-10 16:13:48


La invención del vino se remonta a épocas prehistóricas, tal vez al nacimiento de las primeras civilizaciones en Oriente Próximo. La humanidad, representada por seres que trabajan, discuten, aman y sufren, aparece en escena acompañada de una jarra de vino (Johnson y Robinson, 2003). Nuestra era del vino comienza con los fenicios, que colonizaron el Mediterráneo hacia el año 1.100 a.C., y los griegos hicieron lo propio, 350 años más tarde; fue entonces cuando el vino llegó a los países donde se establecería: Italia, Francia y España. Los griegos, llamaron a Italia el país de las vides sujetas a estacas, del mismo modo, que los vikingos, designaron Vinland a América, por la profusión de vides que hallaron alrededor del año 1000. El Norte de África, el Sur de España, la Provenza, Sicilia, la Península Italiana y el mar Negro poseían ya sus primeros viñedos durante las dominaciones griega y fenicia.

Los vinos griegos, aparecen documentados y alabados en textos antiguos. Los vinos de las listas del mar Egeo fueron muy apreciados por sus características, y es memorable la gran demanda de los vinos de Quíos. Los griegos industrializaron la producción de vino en el Sur de Italia, los etruscos lo hicieron en la Toscana y más al Norte, posteriormente, los romanos. Los grandes poetas latinos, incluído Virgilio, escribieron consejos para los viticultores. Otros autores discutían sobre cuánto podría producir un esclavo con un mínimo de sustento y sueño sin que perdiera facultades. La viticultura romana se realizaba a gran escala, y los resultados económicos eran la base sobre la que se mantenía. Se extendió por todo el Imperio, de tal modo que eran innumerables las cantidades de ánforas procedentes de sus colonias en España, el Norte de África y toda la Cuenca Mediterránea, que se importaban a la capital. Historia de cultivo de la vid y el vino; su expresión en la Biblia

Algunos vinos romanos gozaban de unos extraordinarios periodos de conservación, consecuencia de su lograda elaboración. Con frecuencia, se concentraban los mostos mediante calor y los vinos se ahumaban, lo que daría como resultado productos semejantes al Madeira. Las grandes cosechas de Roma fueron objeto de debate y consumo durante mucho tiempo; el famoso Opimiano (del año del consulado de Opimio, 121 a.C.) todavía se consumía 125 años después. Los romanos disponían de todo lo necesario para envejecer el vino; para guardar el vino no se empleaba cristal, y las barricas de madera sólo se utilizaban en Galia. Como los griegos, los romanos empleaban ánforas de barro con capacidad de 25 L. Es razonable suponer que el método romano del cultivo de la vid, conducida sobre árboles, se practica todavía hoy en algunos lugares del Sur de Italia y, muy especialmente, en el Norte y Sur de la Galia.

Partiendo de la Provenza, que ya poseía viñedos plantados por los griegos desde hacía siglos, los romanos ascendieron por el valle del Ródano y se adentraron en Languedoe, provincia romana de Narbonensis. Las primeras explotaciones, en zonas que los romanos despejaron de bosques para su cultivo, al principio como prevención contra las emboscadas, se desarrollaron en los valles de los ríos, vías naturales de comunicación; por otra parte, las embarcaciones constituían el mejor medio de transporte para el vino. Burdeos, la Borgoña y Tréveris comenzaron, probablemente, como centros comerciales de vinos importados de Italia y Grecia, pero luego plantaron sus propias vides y superaron en calidad al producto importado (Johnson y Robinson, 2003). En el siglo I, existían vinos en el Loira y el Rin; en el II, en la Borgoña y, en el IV, en París, la Champaña y el Mosela. La Côte d’Ord borgoñona fue una de las últimas en sumarse a la lista al no disponer de un río navegable cerca. Se estableció en el lugar donde la carretera principal que conducía al Norte (hacia Tréveris) bordeaba la rica provincia de Autun; posiblemente, los habitantes de Autun vieron una oportunidad comercial y, sólo después, descubrieron que habían elegido una ladera perfecta.

ISSN 2171‐9098 ENSAYOS. Revista de la Facultad de Educación de Albacete, Nº 27, 2012, (217‐246) 221

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