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¿Son las etiquetas de vino una idea moderna?.

En 1922 el arqueólogo Howard Carter descubrió la primera evidencia de etiquetas de vino, que data del año 1352 AC, en el enterramiento Rey Tut de Egipto. Parece que las etiquetas del vino no son un invento moderno.

Cultura del Vino | 2017-03-31 10:30:27


Desde un primer momento, surgió la necesidad de identificar el producto para reconocer a su dueño, marcar su origen y contrastar su calidad.

Los egipcios guardaban el vino en odres y tinajas de barro en los que hacían marcas para identificarlo. El artesano alfarero marcaba las ánforas antes de cocerlas utilizando sellos y cuños.

Algunas ánforas halladas en los túmulos funerarios egipcios contienen datos del vino, de la crianza y hasta el nombre del viticultor. En una tumba egipcia apareció lo que se considera una de las primeras etiquetas de la historia: se trata una tablilla que apareció colocada sobre un recipiente de vino en la que consta el origen y el nombre del elaborador: “Bodeguero Tutmes”

Durante el Nuevo Imperio, las ánforas se identificaban mediante un sello en el que constaba el año de elaboración, la zona de producción, la propiedad y la calidad del vino que allí se contenía.

Los fenicios y los griegos iniciaron la expansión del vino por el Mediterráneo.

Los recipientes griegos solían llevar los sellos de algún magistrado de la ciudad que garantizaba su origen. Utilizaban cuatro tipos de marcas: sellos impresos antes de cocer el ánfora, grafitis rayados sobre el recipiente, símbolos pintados o sellos estampados sobre el cierre del ánfora.

Los romanos tuvieron un papel importante en la expansión del viñedo, llevándolo al último rincón de su imperio. Sus ánforas también tenían marcas que hacía el alfarero con referencias a las características del vino que contenían.

En Europa, la vinificación fue principalmente el negocio de los monasterios, debido a la necesidad de vino en los sacramentos cristianos. La etiqueta del vino escrita a mano más antigua registrada fue de monje francés Pierre Perignon. Esta etiqueta de vino era de pergamino y estaba atado al cuello de una botella con un trozo de cuerda.

Las etiquetas de papel tardaron bastante en aparecer. Aunque en Europa se conocía el papel desde el siglo X, no tenemos constancia de que se utilizase para fabricar etiquetas para vino hasta finales del siglo XVII.

En el siglo XVIII el comercio del vino se disparó, especialmente en Francia, convirtiéndose Burdeos en el productor por excelencia de los vinos finos. A principios del siglo XVIII, las etiquetas de vino se diseñaban en una piedra en la que la tinta se aplicaba con un rodillo que luego se transfería al papel.

El marbete es un antecesor de la etiqueta que conocemos hoy en día y consiste en un trozo de piel o pergamino que se ataba o pegaba a un recipiente en el que se escribía el contenido y sus características. En la clase alta eran de plata.

Las primeras etiquetas de vino reconocidas como tal se sitúan alrededor del siglo XVII. Estaban escritas a mano sobre papel artesanal y se pegaban manualmente en cada botella.

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