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Tarragona, historia viva de la cultura del vino.

La historia de los vinos de Tarragona es milenaria. Vestigios históricos señalan que la viña ya se cultivaba en Tarragona en la época Griega.

Cultura del Vino | 2016-09-02 11:21:49


No  obstante  la  viticultura  tarraconense  se desarrolló  de  una  manera  muy  importante  en  la  época de  los  Romanos.   Se  desarrollaron estructuras de elaboración y de almacenaje.

El  Imperio  Romano  fue  el  verdadero  potenciador  de  los  vinos  tarraconenses,  tanto  por  su labor  de  comercialización  como  por  el  hecho  de  ser los  iniciadores  de  la  denominación "Tarragona".  Esta  denominación  indicaba  la  zona  donde  se  producía  el  vino,  el  cual  era apreciado de un lado al otro del Imperio, como lo demuestran escritos de autores latinos del siglo I, como Silvio Itálico, Marcial y Plinio el Jóven, que los nombraban vinos "Tarraconensis".

El ánfora que aparece  en el  logotipo de la DOP Tarragona sintetiza la presencia milenaria de la  vitivinicultura  en  esta  región,  a  la  vez  que  ilustra  la  vocación  exportadora  que  ha  tenido siempre. Y lo cierto es que a partir del siglo I dC, desde Tarraco, capital y centro político de una  extensa  provincia  de  Hispánia,  y  puerto  comercial  de  primer  orden,  zarpaban  muchos barcos cargados de ánforas llenas de vino en dirección a la capital del Imperio, pero también había  muchas  que  iban  hacia  la  Gália,  Germania  o  Britannia,  talmente,  los  mismos  destinos dónde, siglos más tarde, llegarían los vinos y aguardientes elaborados en este territorio.

Así, a partir de mediados del siglo XVII, comerciantes ingleses y holandeses se establecieron en el Campo de Tarragona -en ocasiones haciendo sociedad con negociantes catalanes- para garantizar   los   envíos,   sobre  todo   de   aguardiente,   hasta   sus   países   desde   donde   se reenviaban  hasta  los  puertos  del  mar  Báltico,  escandinavos,  alemanes,  polacos  o  rusos.  No en vano, Reus, fue durante el siglo XVIII el mercado de referencia europeo para establecer el precio  del  aguardiente,  de  aquí  que  la  famosa  expresión  "Reus,  París,  Londres"  sea,  en realidad, el orden jerárquico en que se determinaba el precio del destilado de vino en todo el continente europeo. Igualmente, en la segunda mitad del siglo XIX, de la región tarraconense salieron  ingentes  cantidades  de  vino  para  proveer  la  creciente  demanda  francesa  en  unos momentos en que las viñas del país vecino estaban siendo destruidas, desde 1863, debido a  la filoxera.

En  esta  continuidad  exportadora,  la  fama  de  los  vinos  -y,  más  adelante,  también  de  los aguardientes- tarraconenses se ha mantenido intacta hasta la actualidad. Autores de la época del imperio, como  Plinio el antiguo, Silius Itálico o Marcial, aparte de subrayar que el cultivo y la elaboración de vino eran muy anteriores a la presencia romana en la zona, ponderaban las virtudes  de  los  vinos  procedentes  de  Tarraco.  Con  estos  precedentes  romanos,  no  es  de extrañar  que,  en  siglos  posteriores,  los  vinos  de  misa  elaborados  en  la  región  fueran reiteradamente elogiados por el Vaticano y se exportaran a los cinco continentes.

Pero mantener esta posición de privilegio en los mercados internacionales sólo se consigue a partir  de  una  constante  innovación  en  el  cultivo  de la  viña  y  la  elaboración  del  vino.  Así,  por ejemplo, cuando, a mediados del siglo XIX, la plaga vieja -el oídio- hizo acto de presencia en el litoral y prelitoral tarraconense y destruyó una parte significativa de las viñas, los viticultoresdecidieron dedicar a la vitivinicultura sólo los terrenos más aptos para el cultivo de la viña y en los  otros  plantaron  avellanos.  Igualmente,  cuando  a partir  de  finales  del  siglo  XIX  la replantación de las viñas filoxeradas exigió un gran esfuerzo entre los campesinos de la zona, en  prácticamente  todas  las  localidades  de  la  región surgieron  las  bodegas  cooperativas, algunas,  como  la  de  Vila-rodona  (1919),  con  el  valor  añadido  de  haber  sido  diseñada  por  el arquitecto Cèsar Martinell.

Además, tenemos que añadir la entrada en servicio de la Estación Enológica de Reus, el año 1910, la segunda que se creó en Cataluña y una de las primeras en  todo el Estado. Buena prueba  del  empuje  modernizador  con  que  surgió  esta institución  radica  en  el  hecho  de  que, sólo  dos  años  más  tarde,  la  Estación  Enológica  de  Reus  acogiera  la  primera  Escuela  de Enología  que  hubo  en  Cataluña.  Este  centro  de  capacitación  científica  y  técnica  dirigido  a campesinos  y  elaboradores  fue,  sin  duda,  el  antecedente  de  la  actual  facultad  de  Enología creada en 1997 en el marco de la Universidad Rovira i Virgili (URV), una institución educativa con un campus repartido, básicamente, entre las ciudades de Tarragona y Reus. 

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