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Un sumiller que celebre catas de vino de forma “no habitual” no tiene obligación de darse de alta en autónomos.

De la Jurisprudencia del Tribunal Supremo se desprende que el sumiller en el caso de celebrar catas de vino de forma esporádica puede facturar sin estar dado de alta.

Legislación del Vino | 2015-06-26 11:37:22


Es habitual que los sumilleres presten sus servicios de cata de vino de forma puntual percibiendo ingresos que rondan los diez euros por catador. Realmente, y aplicando el sentido común, no trae cuenta al sumiller cursar su alta en autónomos.

La Seguridad Social define al autónomo del siguiente modo:
“A los efectos de éste régimen especial, las personas físicas que realicen de forma habitual, personal, directa, por cuenta propia y fuera del ámbito de dirección y organización de otra persona, una actividad económica o profesional a título lucrativo, den o no ocupación a trabajadores por cuenta ajena.”

La figura del sumiller se incardina correctamente en la citada definición, a excepción de que la actividad de la cata de vino la realice, como defendíamos anteriormente, de forma habitual.

Pero… ¿qué significa habitual? ¿Qué hemos de entender por habitualidad?
Desde la sana crítica y desde la razón, consideramos como hecho notorio que si un sumiller tiene dos catas de vino al mes… no existe habitualidad.

Si acudimos al Diccionario de la R.A.E, el término “habitual” significa que “se hace, padece o posee con continuación o por hábito”. Es decir, en el caso de los sumilleres que celebran dos o tres catas al mes no existe una clara continuidad.

Por la simple razón de que no trae cuenta en muchos casos cursar el alta en autónomos, la Seguridad Social, ha demandado a muchos profesionales de diferentes sectores, en condiciones similares a la de los sumilleres “esporádicos”, por no cursar su alta en autónomos, cuyas pretensiones han sido, feliz y exitosamente, desestimadas por los Juzgados de lo Social.

La respuesta a lo que hemos de entender por habitual nos la ofrece el Tribunal Supremo. De conformidad a la sentencia del Tribunal Supremo, de 29 de octubre de 1997, un indicio de “habitualidad” es superar el Salario Mínimo Interprofesional.
Para el año 2015 el Ministerio de Empleo y Seguridad Social fijó el Salario Mínimo Interprofesional en los siguientes valores:
•    Salario Mínimo diario: 21,62€
•    Salario Mínimo mensual: 648,60€
•    Salario Mínimo anual: 9080,40€ (14 pagas)

Por ello, si a lo largo de un mes, el sumiller factura por encima de estas cantidades, sí podría el Juzgado de lo social defender que existe habitualidad, y por ende se dictaminaría su obligación de cursar alta en autónomos.

Para los Jueces y Tribunales de lo social la habitualidad no tiene que ver tanto con el espacio temporal sino con la cuantía de la retribución.

En este sentido la citada sentencia del Tribunal Supremo, señala y trascribimos literalmente que:
“ El criterio del montante de la retribución es apto para apreciar el requisito de la habitualidad. Como ha señalado la jurisprudencia contencioso-administrativa (STS 21-12-1987 y 2- 12-1988) tal requisito hace referencia a una práctica de la actividad profesional desarrollada no esporádicamente sino con una cierta frecuencia o continuidad […]
[…]A la hora de precisar este factor de frecuencia o continuidad puede parecer más exacto en principio recurrir a módulos temporales que a módulos retributivos, pero las dificultades virtualmente insuperables de concreción y de prueba de las unidades temporales determinantes de la habitualidad han inclinado a los órganos jurisdiccionales a aceptar también como indicio de habitualidad al montante de la retribución […]”

A pesar de todos estos argumentos acordes al sentido común, lo cierto es que las leyes no cambian en este sentido y se siguen produciendo juicios que obligaran a todo aquel que no ejerzan de forma habitual una actividad a contratar abogado y procurador.

Por ello, y a tenor de lo que postulamos y defendemos, queremos dejar constancia de que los sumilleres que decidan no cursar su alta en autónomos deberán enfrentarse, sí o sí, a una batalla juridicial que puede resultar costosa, larga y agotadora.

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