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Una copa para cada vino

La copa de vino debe ser convexa, en forma de tulipa cerrada, para retener los aromas del vino y canalizarlos hacia la nariz. Una copa cuyo cáliz sea poco profundo dejará una superficie demasiado grande de vino en contacto con el aire y no podrá retener los aromas perdiéndose gran parte del placer de la degustación.

Cultura del Vino | 2014-10-30 10:53:25


Debe ser lo bastante grande para poder servir el vino en cantidad suficiente sin llenarla más de su cuarto de capacidad. Si la copa es muy pequeña no se podrá hacer girar el vino para que libere sus aromas, ni levantarla con comodidad para observarlo a trasluz. También debe tener una abertura suficiente como para poder introducir con comodidad la nariz en la copa.

El pie debe ser lo bastante largo para que los dedos la sostengan sin tocar el cáliz. Las copas se deben coger por el pie y nunca por el cuerpo, porque la mano podría calentar el vino y favorecer la salida de los aromas en condiciones distintas a las deseables. Cualquier vino blanco, rosado o espumoso, que se debe servir frío, se calentará muy rápidamente en contacto con la mano.

Vinos tintos

Las copas de campana ancha permiten que los componentes aromáticos del vino tinto se liberen generosamente y que se pueda agitar vigorosamente sin derramarlo. Pero una gran superficie ayuda a volatizar rápidamente los aromas de un vino joven, lo cual no es recomendable.

Los tintos envejecidos se benefician más cuando la campana es mayor, pues esto propicia que una mayor superficie del líquido esté en contacto con el aire. Los tintos más envejecidos necesitan mucho espacio para respirar y, por lo tanto, este tipo de copas permiten su correcta apreciación.

Vinos blancos y rosados

Deben ser más pequeñas que las utilizadas para los vinos tintos. Aquí no es deseable la respiración rápida del vino. Todo lo contrario. Los aromas primarios y secundarios deben permanecer constantes hasta el último sorbo en la botella.

Vinos fortificados

Los vinos de Oporto, Jerez, Madeira y otros fortificados deben servirse en copas de borde más cerrado para apreciar su bouquet, dado su mayor contenido alcohólico. La copita, tradicional instrumento de la región jerezana es muy apropiada también para otros fortificados. No resulta aconsejable utilizar la copa pequeña de licor para estos vinos, pues además de verse escaso, no tiene suficiente espacio para que se disfruten los aromas.

Vinos espumosos

Una copa de tulipa delgada tiene la forma exacta para resaltar y valorar las burbujas en los cavas y champagnes. Otro tipo de copa con una superficie mayor creará dispersión en las burbujas y disipará la espuma más rápidamente.

Vinos de postre

Los vinos de postre, al ser más intensos en aromas y dado su grado de dulzor, se sirven en menor cantidad, por lo que deben servirse en copas pequeñas.

Si bien es cierto que el vino se percibe de forma diferente de acuerdo al estilo de copa, en general, bastará con disponer de dos o tres copas distintas: una para espumantes, otra para vinos tintos como la “Burdeos” y otra para vinos blancos.

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