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¿Utilizamos el oído para disfrutar de la experiencia del vino?.

Aunque no se le presta en ocasiones atención, el sentido del oído es esencial en la visita a bodegas o en la cata del vino.

Cata de Vino | 2016-01-12 11:37:48


El oído cada vez adquiere más importancia en cuanto a las experiencias ligadas al vino. Hasta hace poco, el sentido del oído había quedado relegado al ser otros sentidos como la vista, el gusto o el olfato primordiales para desarrollar la cata de vinos.

Sin embargo, el oído es un sentido que vale la pena no dejar de lado. En experiencias enoturísticas el oído se utiliza más de lo que imaginamos para disfrutar del recorrido. Esto es más evidente para los pioneros del enoturismo para personas invidentes, donde se está teniendo muy en cuenta la importancia que el oído tiene en la visita a las bodegas por ejemplo. El oído hace sentirse localizados a los visitantes, recorriendo las diversas infraestructuras, el silencio o el eco de las grandes salas de crianza, como en las bodegas de jerez, con el sonido del vino al caer en los depósitos de fermentación, la diferencia entre los sonidos de las cubas de madera y las de acero, etc..

Pero el oído también influye en la cata del vino. La captación de los ruidos interfiere con los demás sentidos y disminuye la atención y la sensibilidad. La primera consideración a tener en cuenta es que durante la cata de un vino conviene envolverse con el entorno más silencioso posible. La ausencia de ruidos garantiza una mayor capacidad de concentración sobre el producto a analizar lo que a buen seguro nos ayudará a extraer las pertinentes conclusiones en el resto de etapas analíticas.

Lo primero que se hace para  degustar un vino, ya que suelen estar embotellados, es descorcharlos. En esta operación, y en los vinos tranquilos, conforme el corcho va saliendo de la botella va generando un vacío, una disminución de presión en el interior  de la botella en relación con la presión externa. La diferencia de presión de ambos ambientes  se iguala súbitamente cuando el corcho termina de salir, originando un ruido característico que identificamos inequívocamente con el ritual del vino.

El vino de la botella, la jarra o la barrica, se vierte en la copa y al caer origina un sonido líquido especial. Sonido muy  diferente  al que hacen  el agua  o el aceite por su distinta  viscosidad.

Aún sin observar esta operación, la ausencia de ese sonido cantarín, tan característico, indica al degustador la falta de fluidez y la mala elaboración o defectos del vino.

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