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Uvas autóctonas versus uvas foráneas.

La recuperación del patrimonio cultural o la globalización en el mundo del vino. Autor: Daniel Hernández.

Historias del Vino | 2016-06-12 11:00:22


La globalización es un concepto dónde realmente se pone de manifiesto las discrepancias existentes entre defensores y detractores de ambas partes, nosotros nos centraremos  cómo viene siendo habitual, en el mundo del vino.

Si escuchas a uno u otro bando la historia varía 180 º, los que están a favor consideran una oportunidad única para que el vino llegue a todos los rincones del planeta, adaptando estilos a las condiciones climáticas existentes y crear una industria fuerte que genere riqueza...Por otro lado los detractores consideran que será una  muerte lenta y agónica del pequeño productor y la homogenización total del vino, eliminando el concepto terroir que identifica y clasifica los diferentes estilos que encontramos en muchos puntos de la geografía vinícola. También añaden que la riqueza será para las grandes corporaciones y que la implementación de variedades foráneas hará perder identidad a los vinos autóctonos...
 
De todos modos es cierto que la influecia de ciertos líderes de opinión condicionan, quizá en exceso, nuestra opciones a la hora de comprar vino. ¿Por qué? Muy sencillo, si los grandes gurús, - Parker quizá es el ejemplo más evidente por su capacidad mediática -, puntúan de una determinada manera a una serie de vinos, es fácil adivinar que el impacto de sus puntuaciones influye en  la operativa de compra de los distribuidores y de lo que estos coloquen en las estanterias de tiendas especializadas y supermercados, con lo que nuestra capacidad de decisión de disfrutar de un vino se ve completamente coartada por los designios y preferencias de un grupo de personas que no tienen por que tener nuestro mismo criterio a la hora de escoger un vino. Para mí este es un gran ejemplo de la globalización del sector  por dos motivos principales; primero porque el criterio de un señor que, en el mejor de los casos, vive a cientos de miles de kilometros de distancia  y nos condiciona nuestra opción vinícola y la segunda es que, por ese mismo motivo, obliga a nuestras bodegas a elaborar un estilo de vino que logre gustar a esos paladares para poder competir con garantias en el mercado. No olvidemos que las bodegas también son negocios y como tal tienen la necesidad de facturar.
 
El uso de uvas foránea da como resultado dos conclusiones, adaptar a nuestro viñedo opciones con un mayor impacto en el mercado y explorar las capacidades de adaptación de dichas vides en un entorno que no es el suyo, y observar su rendimiento, quién sabe...
 
Por otra parte confiar en variedades autóctonas permite defender un patrimonio muy importante, redescubrir parte de nuestro pasado y recuperar variedades perdidas en el tiempo, esa definición propia de estilo que se engloba dentro del concepto terroir y es una gran herramienta de venta para acceder a un mercado competitivo.
 
Las uvas foráneas, y más si hablamos en niveles de exportación aportan mayor confianza a un sector de consumidores desconecedores de la gran variedad de opciones más allá de Cabernets y Chardonnays, un sector que no pretende emocionarse con una botella, simplemente tomar un par de ellas durante la barbacoa del domingo.
 
Por otra parte, el consumidor experto, cansado de opciones que generan millones de botellas al año, busca un concepto más íntimo, que le aporte una mayor satisfacción y le genere conocimiento, quiere disfrutar bebiendo y aprendiendo, quiere emocionarse y compartir un momento único... Es ahí donde las variedades autóctonas, - aquellas pequeñas joyas recuperadas de nuestra memoria -, entran en acción y nos seducen.
 
No debemos cerrar las puertas a ambas opciones, deberíamos aprovechar la potencia de las grandes corporaciones para permitir la entrada de los pequeños productores a un público mucho más amplio, con ello todos ganaríamos, ya que el gran holding vinícola seguiría colocando sus millones de botellas y el aumentar la demanda del pequeño productor permitiría colocar sus precios al alza, y así garantizar la supervivencia de la bodega, y con ello, una parte importante de nuestra cultura en clave vinícola.
 
Ya sabéis lo que dicen, el saber no ocupa lugar...y la cultura no tiene precio!
Salud y hasta el próximo post!


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