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Vacaciones y enoturismo. Descubre como la viticultura moldea el paisaje de Terra Alta.

En Terra Alta hay una tradición vitivinícola casi milenaria, unos municipios con vida e identidad vitivinícola propia, el patrimonio familiar de viñas y bodegas y un paisaje moldeado por esta viticultura.

Cultura del Vino | 2017-06-09 12:55:09


La zona mantiene todos los elementos característicos de un territorio de interior próximo al Mar Mediterráneo: cordilleras calcáreas prelitorales (los Puertos de Horta, las sierras de Pàndols y Cavalls), pequeños ríos (l'Algars y el Canaletes), diversas montañas de roca conglomerada (Puig Cavaller, Santa Barbarà, Les Roques d'en Benet), bosques de encina y pino blanco y, sobre todo, suelos agrícolas teñidos de los típicos 3 cultivos mediterráneos por excelencia: almendro, viña y olivo.

Con mayor grado de detalle y desde la perspectiva agronómica se distinguen tres unidades de paisaje de interés agrícola donde la viña está presente: el Llano, la Meseta y los Valles. Por sus características este paisaje está sujeto a importantes dinámicas erosivas.

La pendiente y la profundidad son los factores más determinantes en la diversidad de suelos vitícolas de la DOP "Terra Alta". El grado de pendiente, muy importante, delimita tres tipos de emplazamientos de cultivo: los costeros (con pendientes iguales o superiores al 10%), el llano (con pendientes inferiores al 10%) y los bancales (con muy poca o nula pendiente).

En términos más generales los suelos vitícolas de la zona presentan un predominio de texturas francas, medias o moderadamente grandes (franca, franco-arcillosa, franco-arenosa y franco-limosa); tienen una capacidad de retención de agua media, limitada en algunos casos por la profundidad y la presencia de elementos gruesos; son pobres en materia orgánica y ricos en carbonato cálcico y caliza activa. Con todo eso, la fertilidad de los suelos vitícolas de la Terra Alta oscila entre baja y moderada. De entre todos los perfiles, destacan los denominados localmente de "Panal", muy equilibrados a nivel de todas las propiedades anteriormente descritas y con menor contenido de caliza.

Pues después de visto esto, los suelos y el paisaje configuran en gran parte la personalidad de los vinos de la Terra Alta. La terraza es la unidad de cultivo más común en los emplazamientos de cultivo y es consecuencia de la interacción del cultivo con la variada orografía que presenta el terreno, disponiéndolo en diferentes pendientes y orientaciones, a menudo, entre paredes de piedra seca - los márgenes o ribazos con cubierta vegetal -, contribuyendo ambos a evitar las pérdidas de suelo de cultivo por erosión, por lo cual la actividad vitivinícola contribuye decisivamente a la preservación del paisaje.

Los emplazamientos tradicionales del cultivo son los llanos y los costeros, mientras que el cultivo en bancales - a menudo establecidos por intervención humana a través del abancalamiento- es relativamente moderno. El cultivo de la viña en la Terra Alta no está sujeto a prácticas especificas o exclusivas, pero la viticultura de la zona consigue adaptarse a los factores naturales de la zona mediante el uso de porta injertos con un buen índice de resistencia a la caliza, densidades de plantación moderadas o bajas (el marco de plantación más común es de 2,80 x 1,20 metros), altura del tronco raramente superior a los 60 centímetros, sistemas de poda corta, una conducción de la vegetación que tienda a recoger la vegetación para evitar excesivas pérdidas hídricas o incluso evitar una excesiva insolación de la uva.

También caracteriza la viticultura de la zona un uso limitado de pesticidas de síntesis, pues en general el microclima vitícola resultante no es favorable al desarrollo de las principales plagas que afectan en el cultivo, como por ejemplo el Mildiu o las podredumbres de la uva. A pesar de que la producción media por hectárea se sitúa entorno los 65 quintales métricos por hectárea, el primer reglamento de la DOP "Terra Alta", que fecha de 1982, establecía en 70 y 60 Hectolitros por hectárea el rendimiento de producción máxima admitida, para variedades blancas y tintas; actualmente están ajustados en 70 y 56 Hl/Ha., respectivamente.

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