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Viaje al triángulo del Jerez. Descubriendo el enoturismo.

En mi viaje al triángulo del Jerez descubrí un mundo fascinante, lleno de secretos guardados durante siglos, como la elaboración y crianza de algunos de los vinos más prestigiosos del mundo. Autor: Jaime del Olmo Morillo.

Concurso Enoturismo 2016 | 2016-03-18 11:58:38


En el verano del 2013, emprendí un viaje a Cádiz con unos amigos para ir a visitar la zona. Alquilamos un apartamento en Conil de la Frontera, un hermoso pueblecito blanco, que en los últimos años triplica su población en épocas estivales. Quizás sea su mayor defecto, pero por lo demás, la arquitectura, el ambiente, tanto diurno y nocturno, y sus amplias playas lo convierten en un auténtico paraíso a orillas del mar.

Una de las cosas buenas de aquellas vacaciones es que conocímos a gente estupenda de la zona, el carácter abierto y hablador de las personas de Cádiz y de los pueblos de alrededor  nos descubrió muchas maneras de mirar la provincia, de aprender cosas nuevas. Así fue nuestro primer acercamiento a lo que llaman el “Triangulo de Jerez”. En Chiclana de la Frontera, nos lo comentó el simpático camarero de un bar llamado Lucas. Cambió nuestra propuesta de unas cervezas y nos recomendó tomar un vino fino con unas lonchas de jamón que nos supo a gloria. Antes de irnos nos dió el consejo que cambiaría nuestras vacaciones, “id a visitar las bodegas, nadie se queda indiferente”.

Y así hicimos. Ese verano descubrimos los secretos del triángulo de Jerez, (también lo llaman Marco de Jerez) y su sorprendente historia. Visitamos varias bodegas de la zona, de algunas de ellas nos informaron en las oficinas de turismo. También un amigo se puso a mirar esa tarde webs especializadas en vino en la que describiesen cómo son estas visitas enoturísticas y en las que aprendes bastante sobre la cultura del vino. Así nos enteramos de que el Marco de Jerez está formado por los ocho municipios: Chiclana, Chipiona, El Puerto de Santa María, Jerez, Puerto Real, Rota, Sanlúcar de Barrameda y Trebujena, ofreciendo una maravillosa variedad de paisajes y recursos enoturísticos que hacen posible nuevas e inolvidables experiencias como la que nosotros estábamos a punto de vivir.

Las bodegas de Jerez son lugares asombrosos, verdaderos templos que rinden al vino el culto que merece. Cierto que al iniciar el viaje no nos habíamos planteado la visita a estas bodegas, por desconocimiento, pero fue una experiencia increíble para todos. Durante las visitas aprendimos que las bodegas de Jerez son tan altas porque fueron diseñadas para albergar y proporcionar las condiciones adecuadas de oxigenación, temperatura y humedad a las miles de botas de vino que allí se almacenan.

Aprendimos los secretos de la elaboración del vino de Jerez, algo único en el mundo. No tardamos en comprender que esta tierra vincula gran parte de su cultura a la elaboración de este vino tan especial. El carácter singular del vino de Jerez es el resultado de un origen geográfico determinado por excepcionales condiciones naturales que confluyen en el llamado Marco de Jerez, como bien nos contaba nuestro amigo Lucas. Durante 3.000 años, las distintas circunstancias históricas han ido moldeando la identidad de estos vinos, del mismo modo que el vino en sí, su producción, su comercio y su disfrute, han supuesto un factor determinante en la historia de esta región y en la identidad cultural de sus habitantes. En realidad nos ayudó a comprender por qué Los vinos de Jerez y la Manzanilla se encuentran entre las grandes joyas de la enología universal.

En las visitas a la bodega siempre ofrecen una cata del vino. Un vino que nunca nos volvió a saber igual, pues aprendimos que lo que estábamos oliendo y saboreando era un néctar que acumulaba siglos de evolución, de tradición y que crearlo requiere un gran esfuerzo. Un sumiller nos acompañó en la cata. Además de pasar un rato muy agradable con los amigos, aprendimos de qué manera podemos valorar el vino, detectar aromas que nunca esperamos encontrar y saborearlo despacio. Es muy placentero.

Volvimos al día siguiente a otra visita a Sanlúcar de Barrameda. La verdad es que nos enganchamos dos días a disfrutar del vino y las bodegas. Sobre todo porque aprendimos muchísimo sobre la cultura de la zona, visitamos tabancos antiguos, y además nos daba tiempo a tranquilos paseos por el casco histórico y disfrutar de las riquezas patrimoniales de estas ciudades y pueblos.

Parece mentira, pero durante dos días nos olvidamos totalmente de la playa. Al volver a nuestra ciudad, tras las vacaciones, todos teníamos en la maleta una botella de Jerez. Nos pareció muy buena idea como regalo. Es como intentar llevar todas nuestras buenas experiencias y recuerdos del viaje, además de la esencia de esta increíble comarca, en una botella de vino. Y creedme que cuando la abres para disfrutarla de nuevo, casi se consigue.

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