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Vino, salud y corazón.

Se cree que aproximadamente la mitad de los efectos cardioprotectores del vino se deben al propio contenido en alcohol, puesto que cambia el equilibrio de lípidos en la sangre de una manera favorable. Consejos Wine In Moderation.

Consejos sobre el Vino | 2015-07-08 13:48:37


Las enfermedades vasculares tienen lugar cuando el colesterol LDL o malo (lipoproteínas de baja densidad) se deposita y acumula en las paredes de las arterias; en caso de ruptura, se forma un trombo que bloquea la arteria y produce necrosis en los tejidos irrigados por dicha arteria.

El alcohol estimula la producción del colesterol HDL o bueno (lipoproteínas de alta densidad), que elimina el colesterol malo de las arterias y las venas donde puede formar placas.

También reduce la adhesión o el aglutinamiento de los glóbulos rojos responsable de la formación de trombos, que pueden llegar a bloquear el flujo sanguíneo en una artera (trombosis) y provocar un infarto o ataque cardiaco.

Asimismo, el alcohol posee propiedades antiinflamatorias generales que tienen un efecto positivo sobre los vasos sanguíneos y retrasan la formación de la aterosclerosis.

El vino, además, contiene sustancias fenólicas que actúan como antioxidantes e inhiben la incorporación del colesterol malo a las paredes arteriales. Estos antioxidantes también pueden reducir los daños provocados por los radicales libres en el organismo que contribuyen a provocar trastornos degenerativos, como el cáncer, el alzhéimer, el párkinson y el proceso de envejecimiento. Hay que tener en cuenta que la actividad antioxidante en el mosto no fermentado es menor que en el vino final, puesto que esta actividad aumenta durante las fases de fermentación y maduración. Los niveles de antioxidantes en el vino dependerán de su procesamiento, las operaciones de filtrado, pero también de la variedad, la cosecha, la altitud y los suelos.

El resveratrol, junto con la quercetina y la epicatequina, es uno de los principales antioxidantes presentes en el vino. Estos compuestos fenólicos (bioflavonoides) dan al vino su sabor y color característicos. Las plantas los producen como respuesta a una micosis, a la luz ultravioleta, así como a varios factores químicos y físicos de estrés, en especial, durante la maduración. Los investigadores han demostrado que los antioxidantes en el vino son cinco veces más potentes que el antioxidante de referencia, la vitamina E.

Estos resultados respaldan al creciente y abrumador conjunto de investigadores científicos que indican que el consumo moderado de vino y otras bebidas alcohólicas se asocia con niveles menores de enfermedades coronarias, más salud y mayor longevidad.

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