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Vino y gastronomía: dos componentes clave hacia un nuevo tipo de patrimonio cultural como recurso turístico.

Quien sabe degustar no bebe jamás el vino, sino que degusta secretos. Salvador Dalí. Desde tiempos inmemoriales el vino y la gastronomía han sido fuentes de inspiración para el ser humano. Ahora lo hace desde un prisma turístico como veremos a continuación. Autor: : Ana Verónica Berdejo Fariña.

Producción de Vino | 2015-03-31 09:11:58


Pariendo de la combinación de estos dos interesantes conceptos, la enología y la gastronomía, tal como indica Pillet (2011), logran una importante relevancia como reclamo turístico, pues se hace necesario cada vez más volver la vista a la cocina tradicional, rural y, a partir de ella, experimentar. En las últimas décadas se ha prestado una mayor atención a la calidad, a las Denominaciones de Origen (DO), especialmente las dedicadas a los productos más emblemáticos como son: el vino, el queso, el aceite, la miel, etc., lo que ha dado como resultado unos productos más refinados y mejor elaborados.

Por otro lado, para lograr la potenciación de esa “degustación” a la que evoca Dalí, el equilibrio entre los sabores y las texturas del vino con estos “productos alimentarios”, se logra mediante el respeto y el mantenimiento de la identidad del mismo al enfrentarlo ante la presencia de diferentes tipologías de: quesos, carnes, pescados, etc., tal como argumentan distintos expertos en maridaje.

¿Cómo la combinación del vino con la gastronomía  puede formar parte del patrimonio cultural de cualquier región?

Según Alcérreca, Susana y Rodríguez (2011), las tendencias de consumo en la actualidad dictan que para que un producto dentro del mercado turístico obtenga y oferte valor al consumidor es necesario que presente elementos propios de la innovación como:

-           Ser un elemento nuevo en una secuencia de actividades.

-           Romper con el status quo de una actividad, es decir romper paradigmas.

-           Generar valor por sus ventajas competitivas principalmente por su naturaleza geográfica.

El Turismo enológico y gastronómico, junto con sus componentes como las Rutas del vino y ferias gastronómicas entre otros, son fórmulas innovadoras que surgen dentro de la industria turística, derivadas de la introducción de un nuevo elemento (en este caso el vino y los productos alimentarios más tradicionales) dentro de una cadena de actividades como lo es el turismo, con la finalidad de contribuir a la creación y a la oferta de un valor proveniente de sus ventajas competitivas, a través de la naturaleza geográfica de su ubicación, para el uso y disfrute de los consumidores, en este caso los turistas.

Al hilo de esta primera aproximación, para el logro de la concreción del turismo eno-gastronómico como patrimonio cultural, debemos hacer referencia a Espeitx (2004), la autora sostiene que esta tipología patrimonial es cada vez más considerada como un recurso turístico. La “cultura alimentaria” de una determinada sociedad, lo hace ampliando los márgenes de este concepto, ya que pasa a ser potencialmente patrimonizable, convirtiéndose muy a menudo en parte del patrimonio de una región, en el marco del desarrollo turístico. Y lo hace por diferentes vías, algunas de las cuales muy propias.

Lo integran: las costumbres, la cultura, la tradición, las prácticas y técnicas entre otros factores en la elaboración del vino y de los productos gastronómicos. A partir de éstos, surge el valor patrimonial anteriormente citado, que sirve de reclamo para turistas, visitantes, así como para los  propios locales en lo relativo a la experiencia que estos productos son capaces de transmitir a los sentidos de quienes los demandan y adquieren.

¿Cómo se produce este fenómeno en el ámbito turístico?

El turismo vitivinícola y gastronómico representa una completa experiencia para los sentidos. López-Guzmán y Sánchez (2008) lo describen como  el medio por el que el visitante puede experimentar el placer del sabor, el olor, el tacto, la vista y del sonido. Cualquier enoturista, con independencia de sus conocimientos en estas materias, puede apreciar y experimentar la riqueza que aportan estos dos componentes anteriormente citados. Estos productos forman parte de la historia cultural, social, económica y ambiental de los pueblos y de sus habitantes, así como el reflejo de un determinado estilo de vida de los diferentes países, ya que es algo arraigado en su propia cultura y tradición.

Como componentes de esta experiencia turística que se deriva de la vinculación del vino con la gastronomía tenemos: las visitas a las bodegas, a los viñedos, entradas a museos especializados en estas temáticas, degustación de la gastronomía típica de la zona, contemplación de los paisajes, compras de estos productos, alojamiento en lugares relacionados con los mismos, servicios de restauración que dan salida al producto del vino y alimentario, etc.

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