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Vinos complejos para maridajes difíciles.

El maridaje es todo un arte de combinación en el que se potencia tanto el vino como el plato que acompaña, aún así hay alimentos o platos difíciles de acompañar. Pero la versatilidad del vino es un gran valor.

Maridaje del Vino | 2016-01-19 13:01:05


En el maridaje no hay reglas estrictas y son los gustos personales y las circunstancias del momento las que nos inclinan a elegir un vino u otro. Sin embargo, hay alimentos que tienen una complejidad especial.

Quizás lo especial es probar combinaciones nuevas que nos permitan incluir estos sabores en platos innovadores o de vanguardia y combinarlos a su vez con los mejores vinos. El ajo, la cebolla, el vinagre y el apio. La alcachofa, los espárragos y el huevo son realmente complicados de armonizar y no permiten lucirse mucho con los vinos, pero gracias a las recetas innovadoras y su manera de incluirse en los platos los chef, están dando con verdaderos descubrimientos en los paladares.

Uno de estos platos difíciles pueden ser las ensaladas, donde podemos encontrar una especia que desafina o una gota de limón que arranca un lamento a los taninos de un vino tinto. Para estos casos por ejemplo, el vino moscatel tiene la ventaja de que soporta perfectamente la compañía de los vegetales herbáceos, aunque sean tan ariscos como los espárragos. Las ensaladas admiten también otras alianzas más sorprendentes. Si las aliñas con jugo de carne, pueden dar entrada a un Tinto joven de Garnacha, de Tempranilla o de Merlot, servido a fresca temperatura.

Podemos hablar de otros sabores comprometedores a los que es difícil buscarles una alianza, por ejemplo, platos con curry. A estos platos podemos acompañarlos de determinados finos y manzanillas amontilladas, o algunos amontillados. Las anchoas tiene también mala combinación, casi sólo un rosado es capaz de amansar el sabor salado de estas.

Y hablando de vinos versátiles, quizás tengamos que hacer una mención especial al vino de jerez. Es un error reducir estos vinos al ámbito del aperitivo, desaprovechando así las múltiples posibilidades de elegante armonía que brindan en la mesa. Por ejemplo, si una zona vedada a casi cualquier vino es la de las sopas y cremas frías, finos y manzanillas suelen resultar la mejor opción en estos casos. De hecho, pocos vinos son más versátiles en la mesa que una copa de fino de primera calidad.

Los Pedro Ximénez, sean los más jóvenes y dominados por la fruta pasa o, sobre todo, los más viejos, cumplen un brillante papel acompañando un helado de vainilla, o un sorbete de frutas, o incluso unas sencillas piezas de fruta aromática y jugosa. Para aportar bella armonía a una macedonia de frutas,una dulce copa de moscatel también será buena idea. Recuérdese: siempre frescos o fríos, según el tipo de vino, el momento y el plato.

 

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