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Vinos de Madrid, 25 años de Consejo Regulador y siglos de historia.

La historia del viñedo de Madrid se remonta a la época romana, con datos y referencias a la implantación de este cultivo en diferentes zonas de la Comunidad.

Denominaciones | 2015-08-11 12:58:28


La tradición vinícola madrileña no nace con la creación del Consejo Regulador hace 25 años, relativamente joven.

Se puede afirmar que los primeros datos contrastables sobre la existencia de la industria vinícola en los actuales límites de Madrid datan del siglo XIII, pero no resulta descabellado especular con la existencia de viñedos y vinos en la región muchos siglos antes.

Tras la retirada de los íberos, pasaron por la región cartagineses y romanos, dos pueblos que incluían el vino como elemento de su dieta, y no como elemento baladí. Cualquiera de ellos pudo introducir el cultivo de la vid, si es que no lo estaba con anterioridad, pero parece más probable que fuera Roma la responsable.

Por Madrid pasaban importantes vías de comunicación de la Hispania romana y a lo largo de estas calzadas se establecieron puestos militares, algunos de los cuales acabaron por convertirse en prósperas ciudades. Destacó por su transcendencia Complutum (Alcalá de Henares) junto con Titulcia, importante nudo de comunicaciones, Carabaña, Arganda, Cadalso de los Vidrios, Buitrago y Torrelaguna, entre otras.

Partiendo de esta teoría, es seguro que la posterior invasión árabe no puso en grave riesgo los viñedos que encontraron a su llegada ya que, a pesar de la prohibición coránica, el cultivo de la vid mantuvo notable presencia en la España musulmana.

Aún así, habría que esperar hasta los siglos XIII y XIV para verificar la existencia de viñedos concebidos como actividad agraria especializada, en los alrededores de las poblaciones. Las ciudades se ven afectadas por el impulso de la nueva economía de cambio y esto hace del vino un importante objeto de comercio, junto con el cereal y otros productos básicos.

Es, entonces, el siglo XIII la fecha de la que datan los primeros documentos sobre la existencia de vinos de Madrid. Se trata de una disputa por la posesión de un viñedo entre unos monjes y el señor feudal, que fué resuelta finalmente por el arbitraje del rey.

Los vinos madrileños llegan al siglo XV con un aurea de prestigio, plasmado ya en citas literarias, como las del Arcipreste de Hita. Hay múltiples testimonios del aprecio que tenían los vinos elaborados en la propia ciudad, que eran “exportados” a otras localidades. En 1481 el Concejo madrileño se siente con fuerza para imponer sus condiciones de venta llegando, incluso, a enviar una carta a los dignatarios de la ciudad de Burgos en la que se establece que “los que vinieran de allá por vino vengan cargados de pescado, y que si no lo truxeren que no llevarán vino”.

Madrid llega al siglo XX con más de 60.000 hectáreas de viñedo, pero en 1914 se detecta la primera filoxera en San Martín de Valdeglesias. La plaga se extiende rápidamente, arruinando el viñedo madrileño y provocando un cambio sustancial en sus vinos. La recuperación es lenta y se hace con variedades foráneas, en especial Garnacha. Pero la verdadera recuperación no se produciría hasta los años cincuenta, tras la Guerra, con la implantación masiva de variedades seleccionadas por su rendimiento cuantitativo y grado de alcohol, con predominancia de Garnacha en las zonas de Navalcarnero y San Martín y de Airén en Arganda. En esta época surgen la mayor parte de las cooperativas. Al mismo tiempo, el crecimiento de la ciudad engulle algunos de los que en otro tiempo eran vinos más celebrados de Madrid.

En marzo de 1986 el Ministerio de Agricultura aprueba la Denominación Específica Vinos de Madrid. Por fin, en noviembre de 1990 queda reconocida oficialmente la Denominación de Origen Vinos de Madrid. Al siguiente año, ya están en el mercado las botellas con la contraetiqueta de Vinos de Madrid y desde Enero de 1992 se comienzan a comercializar los primeros vinos de crianza.

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