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Visitas de verano: Bullas y la arquitectura del vino.

La historia de Bullas está inextricablemente entrelazada con la cultura del vino en aumento ya que hay evidencia de que las vides han existido en esta área desde la época romana.

Enoturismo | 2015-07-02 12:08:56


Desde ese momento hasta finales del siglo 19, cuando la filoxera devastó la vid, la elaboración del vino siempre ha jugado un papel fundamental en la comunidad local y en las diversas culturas que han pasado por esta zona. Ahora, la voluntad de compartir estos secretos y el espíritu innovador de las cooperativas y bodegas de la zona han tenido éxito en la combinación de métodos industriales modernos y tradiciones en tiempo eterno, y esta es la clave de la excelente calidad de los vinos que llevan el sello DO Bullas.

Desde el laberinto de calles en el casco antiguo de Bullas, a los pintorescos viñedos que bordean el valle del río Mula, esta zona vive y respira sus antiguas tradiciones vinícolas. En la ciudad y el campo hay muchas bodegas viejas e incluso algunos restos antiguos, tales como la escultura romana de Baco que se encuentra en la Villa de los Cantos. Ciertamente, no se puede perder es el Museo del Vino de Bullas , donde los visitantes pueden apreciar de verdad la riqueza cultural de la tradición vitivinícola de esta zona.

Su particular arquitectura del vino: los sótanos de las casas, que son un auténtico hervidero de bodegas que rezuman el aroma de otros tiempos.

Su naturaleza generosa y su paisaje de extraordinaria belleza por el que pueden realizarse diversas rutas a pie o en bicicleta: el Valle del Aceniche, la Lavia, el Salto del Usero, el Carrascalejo. O La Rafa, emblemático complejo turístico-recreativo y origen de varios senderos de pequeño recorrido.

Eventos culturales y festivos se dan la mano a lo largo del año, como en el caso del mercadillo del Zacatín, en las fiestas de San Marcos y del Rosario, en la Noche de San Juan…

Su patrimonio histórico está formado por la Plaza Vieja, la Torre del Reloj, la Iglesia de Ntra. Sra. del Rosario, la plazuela del Castillo o la gran mansión de los Melgares. Mención especial tiene la bodega que da cobijo al Museo del Vino, así como la Casa de D. Pepe Marsilla, un viaje en el tiempo para conocer los modos de vida de la era preindustrial.

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