El mejor vino & los charlatanes de siempre.


Publicado el 17 de Diciembre de 2020


El mejor vino & los charlatanes de siempre.

En el año 2007 el charlatán de Rudy Kurniawan se hizo famoso entre los millonarios de la costa oeste de Estados Unidos, por ser el propietario de la más grande y refinada bodega privada del mundo. Pero lo que demostró al mundo Don Rudy, con sus falsificaciones, es que los métodos tradicionales de elegir a los mejores vinos del mundo habían fracasado en la alta sociedad, pero nadie escuchó la alarma. 

Autor Guillermo César Gómez 


Este joven indonesio (Don Rudy ) fue juzgado y condenado en el año 2014 a diez años de prisión, por cometer fraude en botellas de vinos.

La dura sentencia parece dada a quien engaño a la población estadounidense de que Irak tenía armas químicas, para así iniciar una ofensiva de guerra. Pero no, no fue para un hombre así, sino para un modesto falsificador de vinos. Don Rudy debería ser absuelto por los beneficios colaterales que trajo al universo del vino. 

Foto mundo del vino

Primero demostró que los métodos para elegir los mejores vinos del mundo, no son eficientes y pueden engañar hasta los más presumidos consumidores de vinos. Los gurús de esta burguesía eternamente emergente, siempre se ofrecen para ser engañados por banqueros usureros y ambiciosos. Don Rudy solo aprovechó esta ingenuidad social, que ya estaba manipulada y amansada por la gran propaganda, para montar su negocio.  

El intuitivo de Don Rudy mezclaba en su casa vinos californianos, luego los metía en sus botellas, para pegarles envejecidas etiquetas francesas. 


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A las etiquetas las copiaba de internet y a las botellas las recuperaba gracias a los mozos en los bares, también buscaba botellas  en los basureros en los cierres de las catas. Su trabajo era totalmente artesanal. El genio de Don Rudy estaba en su olfato social, él percibió que en realidad en esa burguesía californiana de millonarios nadie entendía de vinos.

Don Rudy reveló que en ese mundillo de ostentadores pocos tienen personalidad a la hora de beber vinos, o carecen de un paladar sofisticado, y son más propensos a comprar imagen, glamour y marcas famosas, solo para presumir entre los amigos.

Sucede algo muy semejante con el fraude del arte moderno, donde los burgueses pagan en las subastas miles de dólares por manchas realizadas con desgano, sin ningún sentido estético.

Rudy gustaba de falsificar y vender los del Domaine de la Romanée Conti, una de las bodegas francesas más notorias del mundo. Otra hipocresía que develó Rudy, es las mentirosas amistades californianas que generaba. El soso indonesio carecía de carisma y solo hablaba frivolidades, era un hombre evasivo de predecibles apariencias. Pero muchos charlatanes del ambiente californiano lo reconocieron como un gran amigo, esto resulta objetivamente absurdo, pues resulta imposible una simpatía sincera con este hombre espiritualmente evasivo y vacío. 


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Aprovecho este artículo para confesar lo que pienso de un gurú catador, ese que descubre en su boca al mejor vino del mundo. Para mí un catador así solo puede existir en la literatura fantástica, nunca en la realidad objetiva.

Un gurú catador bien podría haber sido otro personaje de la novela de García Márquez, Cien años de Soledad.

El gurú catador al engullir y escupir uno vinos en Macondo, en su cegadora subjetividad, cierra los ojos con fuerza y entonces cree estar probando todos los vinos del mundo y entendiendo todos los gustos del planeta tierra, y así en su arrebatado de nirvana elige al mejor vino del mundo.

Un catador podría quizás elegir a la mejor Coca Cola del mundo, al recibir por correo todas las Coca Colas del planeta tierra, porque esta bebida tiene un gusto homogéneo.


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La Coca Cola de Indonesia, India, Bolivia, México o Brasil pueden hacer variar su sabor por el agua, o por la calidad de su gasificación. Pero el gurú catador puede reconocer cuál es el sabor más benéfico al haber tomado siempre la legítima Coca Cola norteamericana, pero el gurú catador nunca los podría hacer con los vinos.

Los que pertenecemos a la cultura del vino, sabemos de la infinidad de varietales  de uva que existen para hacer vino, no alcanza la extensión de la memoria para recordarlas.

Después vienen las mezcolanzas y los procedimientos, después los climas y los terruños. Al llegar al final de la vida descubrimos que todavía estamos al inicio del camino.

Ahora imaginemos la lengua milagrera del gurú catador entendiendo solo con sus sentidos, todas estas variables, todos los gustos. A esto solo se lo puede aceptar desde el irracional dogma, nunca desde la saludable racionalidad.


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Volviendo a Don Rudy, el indonesio tuvo la habilidad de engreír a los engreídos, el isleño frecuentaba subastas de botellas de vino y competía en las compras entre millonarios, aristócratas y poderosos empresarios, llegaban a pagar hasta un millón de dólares por una botella.

Foto mundo del vino

La prueba de que en esa alta sociedad nadie entendía de vinos, está dada porque la estafa no fue descubierta por el falso sabor del vino, y si por los gruesos errores en la confección de las etiquetas.

Don Rudy organizó sus propias subastas en California y llegó a vender casi 2,5 millones de dólares sólo en falsos vinos de Borgoña.

Eran los años previos a la expansión de la gran burbuja, todo era frivolidad, lujo y suntuosidad. Empezaba a haber gente con mucho más dinero en el bolsillo qué criterio en el cerebro para gastarlo.


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La pregunta que queda en el aire es: ¿Cuándo dejaremos que la sociedad elija los mejores vinos?

Este sistema de los puntajes, las medallas, y las guías de vinos, para sobrevivir, tiene que darle gratificaciones cada vez a más amigos, vinos y bodegas, sin hablar de las manipulaciones y de la corrupción que puede esconder este sistema.

Ya existen tantas instituciones que dan premios, como vinos premiados, por lo que estamos ya algo mareados, y hay otra absurda beligerancia en la arena, por ser los únicos entre los mejores. 

Creo que este modelo ya está colapsado, es solo anunciarlo. Hay que devolverle al vino la sociedad y la filosofía perdida.


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De esta manera diría Nietzsche, “Los premios a los mejores vinos han muerto” significa que el mundo suprasensible, de los grandes gurús del vino, carecen de fuerza operante.

La metafísica del vino se acabó.

Este manifiesto no propone el nihilismo en el universo del vino, sino el regreso a la sociedad pérdida, sociedad de la que nunca debimos salir…

En el mes de Marzo del año 2012 los federales irrumpieron en casa de Rudy Karniawan, allí estaba el laboratorio de las fantasías que tanto entusiasmaba a los millonarios, las botellas vacías, los corchos, las recetas para los caldos falsos, y las elegantes etiquetas...






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