El vino de Alejandro Haber


Publicado el 30 de Mayo de 2020


El vino de Alejandro Haber

Con Alejandro nos conocimos en Catamarca, Argentina; con él compartí un épico viaje, cruzamos las alturas con su camioneta, lo hicimos por el solitario paso de San Francisco en la cordillera de los Andes.

Autor: Guillermo César Gómez


Recuerdo que cuando llegó el crepúsculo perseveramos perdidos, dando vueltas en círculo en un salar de la alta cordillera, pero al final alcanzamos el camino de tierra que nos llevó a Chile. Pero el viaje tuvo un inesperado tropiezo al regreso, pues nos dimos literalmente vuelta con la camioneta en el desierto de San Pedro de Atacama.

Pasaron las décadas sobre nuestras estaciones y, un día, nos reencontramos por Facebook, para después hacerlo por WhatsApp. Alejandro se encontraba en El Rodeo, Catamarca, Argentina, y yo en Salvador, Bahía, Brasil. Alejandro contemplaba por su ventana al inmóvil cerro Ambato y yo veía al agitado Océano Atlántico.

Desde que escribí mi libro ‘’Sobre vinos antiguos & entes egregios’’ busqué con ansiedad quien canalizara mi sueño de hacer vino en ánforas en Brasil, en la Argentina o en algún otro lugar de sud América. Intenté entusiasmar a varios bodegueros de Mendoza, pero nadie lo aceptó y vi, con decepción, que la principal rémora era su desconocimiento del vino ancestral.


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Al comunicarme con Alejandro me di con la sorpresa de que él se estaba iniciando en el universo del vino, lo hacía de una forma tranquila y modesta, sin desvelos comerciales.

Esta historia germinó cuando Pablo Vargiu llevó plantines de vid para iniciar en la siembra a sus vecinos en El Rodeo, Catamarca.

Alejandro plantó 350 vides de diferentes varietales en su terreno y él ya bien sabe que todo se hace en base a un pausado noviciado.


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Alejandro le encargó a una Bodega en Santa María, que le produjese un vino con su alma, y su hijo escritor Santiago Haber Ahumada le imprimió unas letras para la botella, narrando la leyenda de la Mulánima, que es el nombre con el que fue bautizado el garboso vino.

Alejandro Haber es una persona cultísima, escribió varios libros y es profesor en la Escuela de Arqueología de la Universidad Nacional de Catamarca.  Era la persona que yo venía buscando, un hombre de cultura universal y con osadías extraordinarias, alguien que entendiese a nuestra especie desde la milenaria cerámica, y que no estuviese contaminado, ni amarrado a los mecánicos prejuicios de la sociedad industrial.

La iniciativa asumía como esencia poder celebrar, sin limitaciones cerebrales, la abstracción épica de hacer un vino señero y ancestral, un vino que tuviese una historia única para contar, un vino que hubiera recorrido sobre el sudor de las mulas hasta el Potosí de los invisibles reyes, un vino que entrara en la historia de la literatura de la vitivinicultura argentina y que colocara en el mapa a Catamarca, como el epicentro de la invención renacentista.


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Mientras les narro esta historia, el vino de los antepasados está en construcción, todavía es una anunciada ilusión.

Foto mundo del vino

Yo desde Brasil le envió videos y consejos a Alejandro para alimentar su nuevo entusiasmo, y él revisa sus contactos, hojea los viejos libros en su biblioteca, rosa las porosidad de las cerámicas.

Pues anhela enderezar la vasija auténtica, donde se fermentará el vino ignorado, para hacer un renacimiento en la historia universal del vino.


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La idea es darle al vino una comarca donde su historia resurja, pues en este misterio de arrendar la vida y respirar los años, el vino siempre será lo que el dios Dionisio enseñaba: la bebida de la resurrección…






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