El vino de montaña Matervini


Publicado el 10 de Enero de 2020


El vino de montaña Matervini

El vino de Matervini es una amalgama final de la acción planetaria y humana, por eso se dice que tiene un origen tectónico y filosófico. Autor: Guillermo César Gómez

El vino Matervini es uno de los pocos vinos del planeta tierra que nació antes que la vid. Si apreciamos la longevidad de la tierra y su evolución extraordinaria advertiremos que este vino tiene un pasado planetario.

Solo desde la filosofía, la geología y la astronomía podemos aseverar con honestidad intelectual que el vino Matervini surgió de una nebulosa protosolar hace unos 4.540 millones de años atrás.

El lector tiene que saber que cuando las enormidades empezaron a relajarse en la cordillera de los Andes, en ese pleno desarrollo comenzó a estirarse la montaña, al igual que las elongaciones de un Titán griego.


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Ahí en una de las faldas de los Andes dos hombres, Santiago Achával de argentina y Roberto Cipresso de Italia, tuvieron la brillante idea de procurar colmarla de emblemáticas primaveras a la tierra, de consagrar allí nuevas edades, para así extraerle su distinguido néctar, porque sabían de antemano que su iniciativa tenía que ver con el DNA de la existencia.

El camino de Matervini es una síntesis del milenario peregrinaje por la tierra, porque van desde suelos tradicionales a otros abandonados, de los más emergentes a los más antiguos.

El vino de Matervini es el gran puente geológico en el universo del vino, ellos sostienen un dialogo paciente con la naturaleza, ellos emigran desde lo primero que ilumina el Sol a lo que nunca ilumina la estrella.


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Uno siente cuando bebe un Matervini que está descendiendo la gran montaña, la miscelánea de la acción despierta deleite por el golpe del viento y el sabor de ser un pionero.

Este vino nació de una pendiente pronunciada, con viñas a más de 1.600 metros de altura, percibimos que estamos transitando por una diversidad geológica formidable pero que es apenas un punto para el preciso ojo del satélite.

Al beber este vino podemos sentir en nuestros pasos suelos de piedra calcárea de 40 millones de años de antigüedad, y en la otra pisada un suelo calcáreo de 450 millones de años y un tercer paso sorprende con basalto negro fracturado y meteorizado. Toda esa formidable historia del planeta condensada en un camino que no llega a las 20 hectáreas.


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Y allí en un último suelo, el errante visualiza el edificio donde se elaboran seis vinos de un mismo vigor y disímiles geologías.

Escribe Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra:

Es necesario aprender a apartar la mirada de sí para ver muchas cosas: – esa dureza necesítala todo aquel que escala montañas.

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