Publicado el 10 de Diciembre de 2014

Stolzemberg 2009
Bodega: Heymann-Lowestein
Alemania. Mosel
Variedades: 100% Riesling
Precio aprox: 50 Euros
Mi puntuación son 8 estrellas sobre 9
Hay un dicho muy común entre los aficionados al vino que dice que “el mejor blanco es un tinto”. Pues bien, servidor de ustedes pensaba más o menos eso, con diferentes momentos y matices, hasta que probó el que aquí presentamos. Y a partir de ese momento cambió mi percepción de esa realidad que no lo era, y como aquellos votantes del PP que se pasan a Podemos, traicioné sin piedad todos esos sentimientos que de nuevo pienso que no eran más que incultura vitivinícola.
¿Un Riesling con barrica? Vayamos por partes. Normalmente siempre elijo yo los vinos. Pero eso está cambiando. Últimamente, desde que tomo vinos con mis amigos de Vivino, me dejo aconsejar siempre. Y ese día, entre el grupo de amigos (todos de Vivino) estaba Rebeca García, de Enópata, la tienda de vinos más interesante de España, o como mínimo del arco mediterráneo. Así que me puse en modo escucha y decidí aprovechar la oportunidad para salir de este pozo de analfabetismo funcional en el que estaba metido bien a gusto. Rebeca eligió este vino, y otros varios, pero este concretamente marcó un antes y un después en mi percepción de lo que es y lo que puede ser un blanco.
Y si, un Riesling con barrica fue algo inesperado, como una pérdida de virginidad –bien entendida y en la madurez, claro- y me dejó una serie de sensaciones que me gustaría compartir con vosotros. La primera de todas ellas es el color de ese vino. Amarillo dorado oscuro, precioso el color con destellos brillantes, muy glicérico y untuoso a la vista, de lágrima densa y concentrada. En nariz es súper aromático e intenso, con un comienzo más lleno de tonos de su crianza en barrica, pero que al cabo de un rato fueron dejando espacio a los típicos aromas del riesling de manzana verde, melocotón y cítricos. En boca es carnoso y potente, con textura y cuerpo de tinto, bastante graso, y tiene un gusto amplio y lleno de matices, y un post intenso y duradero, de nuevo como si fuera un tinto, pero mucho más sutil. En inicio, en boca podemos apreciar una muy ligera aguja, que va desapareciendo conforme el vino se agita en la copa.
Realmente es una experiencia para los sentidos. Hasta ahora había tomado algunos blancos con barrica pero no me habían gustado más que los blancos normales, o incluso menos, porque perdían la acidez y la frescura de sus uvas originales. En este caso no es así, no se pierde nada y más bien al revés, el vino gana porque la barrica lo llena de matices, le añade complejidad y le da un cuerpo y una textura mucho más redonda.
Así pues, eso de que el mejor blanco es un tinto, queda en el recuerdo. ¡¡El mejor blanco es este Riesling alemán Stolzemberg!!

"Catando el mundo” Presentación de esta sección de Joaquín del Palacio.
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