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De 1964 a 2014 en la D.O.C. Rioja, (cincuenta años no son nada).

¿Qué sentido encontraremos en nuestro trabajo como sumilleres si no es el de facilitar - a las personas que nos visitan- estrategias para un mejor y más sano disfrute, en la sala o en el campo del enoturismo; y haciéndolo con la mejor disposición y entrega? Autor: Alfredo Selas.

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-02-22 19:27:16


Es sólo cuestión de conceptos. Y La Rioja es un viaje a través del tiempo, de vino en vino; de cosecha en cosecha. ¿Qué distancia hay entre las cosechas de la segunda mitad del siglo XIX, poco antes de que los franceses vinieran a La Rioja en busca de vinos que abastecieran sus mercados, y las cosechas de principios del siglo XXI? Apenas sólo el cambio de concepto, el de modificar la mentalidad atávica de siglos y empezar a vinificar con uvas previamente despalilladas y utilizar la barrica de roble. Y todas las adaptaciones subsiguientes ayudadas por la tecnología.

Pero hay más. En La Rioja -tierra de paso vertebrada por el rio Ebro e influenciada por el Camino de Santiago- como espacio de comunicación entre gentes que traen y transmiten sus culturas, se produce un constante flujo y mezcla de ideas, de actitudes y aptitudes, de sensibilidades. Y cada día surge la pasión del trabajo, el ansia de superarse, de pervivir por encima de las circunstancias. La capacidad de empaparse y asumir tendencias para lograr un liderazgo que parece fácil y sin embargo cuesta mucho sudor (cuando no sangre y lágrimas).

En verdad que, visto en perspectiva, cincuenta años no son nada pero… ¡han cambiado tanto las cosas! ¿Qué diferencia hay entre los vinos que se elaboraron aquella histórica cosecha de 1964 y la última realmente mítica de 2001 junto a las excelentes de 2004, 2005, o 2010 que ahora estamos disfrutando? Aparentemente mucha. Y sin embargo ninguna toda vez que, al final del día, lo que se persigue es producir un vino que satisfaga al consumidor del momento. Un vino que le proporcione placer; ese placer sensorial que subliminalmente queda registrado en su memoria y le fideliza de por vida.

De nuevo es cuestión de conceptos. Y la maravilla y admiración que produce el hecho de que antaño, con los medios y conocimientos de entonces se lograran vinos sublimes; y hogaño, tras los progresos y el cambio de mentalidad elaboradora, se hagan vinos excepcionales que seducen y suponen un desafío para los sentidos (de acuerdo con los tiempos que corren donde la gente gusta de nuevas experiencias y sensaciones).

Razonemos esta aproximación al concepto del cambio de estilo de vinos, del paso del tiempo y de la moda en los gustos con tres ejemplos de pruebas de cata.

Prueba de cata nº 1. Bodegas Riojanas, Cenicero. Monte Real Gran Reserva 1964. El vino presenta un color uniforme que se mantiene al cabo del tiempo; rojo casi frambuesa muy abierto, más bien en la gama de los amarillos-anaranjados. Limpio, luminoso y fluido.

En nariz (una vez oxigenado) hay finura y complejidad. Se perciben aromas de crianza característicos del vino noble de La Rioja. Especiados finos; nuez moscada, clavo de olor; así como de tomates secos rehidratados junto con matices que recuerdan a pimentón de La Vera con sus dulces, ahumados y toque picante, lo que denota excelente integración de la fruta con el roble americano y su posterior buena evolución. Aparecen también con nitidez notas que evocan a miel de romero y espliego; lo cual, aunque sorprendente, no deja de tener su explicación: son aromas encerrados en ésteres a su vez fundidos y guardados en aceites esenciales que se muestran ahora gloriosos. Estas moléculas aromáticas fueron extraídas en su justa medida de uvas perfectamente maduras, y luego evolucionaron lentamente para que –una vez liberadas varias décadas más tarde- nos deleiten con sensaciones que nos hablan de un vino sublime. En boca el vino es suave, todavía armado con una fina acidez (vivo en el paso de boca); y en la retronasal se manifiestan licorosos junto con notas de hinojo y chocolatinas “after eight” (mentoladas) que envuelven el final de boca.

El vino es una invitación a sentir y a pensar.

Prueba de cata nº 2. Bodega Contador, San Vicente de la Sonsierra. La Viña de Andrés Romeo 2001. Concebido como vino exclusivo de pago, de producción limitada, y con una presentación soberbia, el vino hace alarde de generosidad en sus prestaciones sensoriales. Color rojo intenso que recuerda a las cerezas y de capa alta.

En nariz los aromas tardan en mostrarse (precisa oxigenación) Hay complejidad y densidad en la copa con predominio de aromas de frutos del bosque muy maduros y tonos cremosos de un roble excelente; así como matices sutiles: toffee, crocante, hierbas aromáticas de monte bajo y recuerdos de terruño. En boca reside, sin embargo, su mejor virtud: fruta fresca, taninos maduros y sedosos en el paso de boca; concentrado y carnoso con un posgusto muy amable. El vino tiene enjundia; con aires elegantes y amplio en el embrujo final de la retronasal que se proyecta al cerebro en secuencias difíciles de describir. Resultado sólido y sabroso de la apuesta personal de su autor. Vino para disfrutar, para dejarse impactar con sensaciones placenteras inmediatas.

Prueba de cata nº 3. Bodegas Gómez Cruzado, Haro. Cata emocional de Honorable 2010. Cuando llevo la copa a mi nariz, quedo algo intrigado al percibir aromas sorprendentes que transmiten sensaciones intensas y evocan un ambiente ecológico de pureza y autenticidad.

Lo que espero en boca es poderío, aunque el vino es un punto elegante, de una cierta complejidad. El primer sorbo me sorprende al inundar mi boca con impresiones que se transforman en sensaciones con sabores para evocar recuerdos a carne roja, a la vez que su frescor acaricia el paladar.

Después percibo un reguero de sensaciones frutales placenteras que suavizan la tanicidad para dar un final atractivo. Tiempo después, el vino exhala aromas nuevos y percibo una deliciosa expresividad que me pide sea paciente y lo tome con calma, acompañando a algún bocado para disfrutarlo más.

Su degustación evoca el terruño, la naturaleza, la belleza del paisaje de La Rioja y su impronta sensorial. Tendré que guardar algunas botellas, pues en unos años el vino estará aún mejor.

Nota al margen. La pregunta es: ¿sobrevivirán los vinos nuevos de La Rioja cincuenta años? La respuesta va implícita en las notas de cata.

* Fotografía ilustrativa del artículo: "Haro,  rotonda,  bodegas del barrio de la estación"

 

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