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La cuna del castellano, y también la de un buen vino.

La vida es un regalo que cada día nos sorprende y por ello tenemos que disfrutarla. Aprovechar cada oportunidad y aprender de nuestros errores, hará que nuestro camino hacia un futuro mejor sea más fácil de conseguir. Autora: Soraya Meinema Bilbao

Concurso Enoturismo 2015 | 2015-03-25 17:11:33


Mi experiencia de reportera así me lo había demostrado, viajando por diferentes países en guerra y viviendo durante 16 meses en el campo de refugiados de Zaátari en Jordania (el segundo mayor del mundo) retransmitiendo diariamente su vida cotidiana. Había llegado la hora de tener unas merecidas vacaciones. Tras descansar en Bali y viajar a Krems an der Donau (Austria), ciudad donde cursé mi último año de carrera, me reincorporé al trabajo el 15 de septiembre de 2014.

Esperaba mi nuevo destino con ilusión, ¿a dónde me llevaría mi nuevo reportaje? La sorpresa llegó cuando mi jefe me anunció que durante tres meses sería la encargada de retransmitir todo lo que acontece en época de vendimia en una de las regiones vinícolas más importantes de España. Mi primera reacción no fue positiva, no era lo que pensaba, me sentí relegada de mis responsabilidades, era algo que no conocía, no estaba familiarizada con el mundo del vino, ¿qué iba a preguntar?... y lo más importante ¿qué iba a beber? Nunca había sabido apreciar el gusto por un buen vino de mesa.

El 16 de septiembre me puse en marcha dirigiéndome en tren a la capital de la región, allí me encontraría con el presidente de la Denominación de Origen, él sería  el encargado de recibirme y ponerme al día de la agenda para los próximos meses. Imaginé a un hombre serio, con prisas, y que tras informarme y dejarme en mi futuro alojamiento, no le volvería a ver hasta el final de esta nueva aventura. Por primera pero no última vez en este viaje, los prejuicios me iban a jugar una mala pasada.

Me estaba esperando a la entrada de la estación de tren, enseguida me reconoció. Nos presentamos, y antes de poder hablar, me invitó a cenar en su casa, situada en un pueblo a 30km de la capital, allí me pondría al día de las actividades que llevaría a cabo durante mi estancia. Durante el camino, me explicó a qué se dedicaba, ya que además de ser el presidente de la denominación de origen tenía su propia bodega dedicada a difundir la cultura del vino. Me sorprendió su sinceridad y su amor por esta tierra. Una vez llegamos a su casa nos esperaba su mujer, me deleitaron con una cena típica de la región; chuletillas, morcilla, chorizo… todo asado al sarmiento. Durante la misma me ofrecieron vino por primera vez, y por primera vez tuve que explicar que no me gustaba demasiado, la sorpresa vino cuando riendo, me contestaron, “no te preocupes, poco a poco lo irás apreciando y al final, amando”. Bebí mosto, como los niños pequeños, una bebida muy dulce, pero atrayente como ninguna.

Me esperaban tres meses de infarto, visitaría casi todas las bodegas de la región, desde las más antiguas (de más de 100 años), hasta las más jóvenes; recorrería los viñedos y conocería  la vida cotidiana de los pueblos de la zona. Me acompañaron a mi hotel, sito en la misma localidad y el cual forma parte de la Ruta del Vino de la Región, me impresionó gratamente ya que era una casona antigua de piedra muy bien restaurada y en su interior la calidez del ambiente y de sus dueñas me envolvió rápidamente .En mi primera charla con ellas comencé a darme cuenta que el vino estaba siempre presente, en la decoración, en las rutas que ofrecían, en su trabajo, sencillamente estaba conociendo una forma diferente de vivir.

Al día siguiente empezó la aventura, a las 9 de la mañana, el presidente de la Denominación de Origen ya estaba en el hotel esperándome, lo primero que hicimos fue dirigirnos a un castillo situado a 7km del pueblo, atravesamos un mar de viñedos llenos de tractores y gente en las viñas, todavía no había comenzado la vendimia, era cuestión de un par de días.

 Desde el castillo teníamos una visión idílica de toda la zona, allí entendí el porqué de la candidatura a Paisaje Cultural del Vino y el Viñedo de esta región y la adyacente. Se puede decir que es una tierra que vive por y para el vino, desde la tradición de los lagares rupestres donde se pisaban las uvas, hasta las modernas bodegas de arquitectos con fama mundial. Desde el castillo se divisan  las dos sierras que protegen la región, y que hacen que se den las condiciones idóneas para el cultivo de la vid.

De allí nos dirigimos a un lugar muy especial, un lugar hecho con el cariño y el trabajo de una familia de viticultores, cuya pasión es transmitir la historia del vino, ellos me mostraron los comienzos del vino en esta región, los antiguos instrumentos de labranza: el aladro, las prensas verticales, las vertederas, el azadón, la morisca (más conocida como azadilla), los cultivadores, intercepas…. Allí aprendí a descorchar botellas de vino, y conocí los diferentes modelos de descorchadores; no era tan difícil como creía.

Como en cualquier especialidad, hay que aprender la teoría antes de iniciarse en la práctica, y esto es lo que hice. Durante los primeros días me dediqué a recorrer la región, visité pueblo a pueblo, hablé con sus gentes, comí en sus restaurantes, visité sus oficinas de turismo, y poco a poco fui catando los vinos. La vendimia había comenzado y los tractores con remolques llenos de uva inundaban los caminos y carreteras.

A mediados de octubre, todavía no había visitado ninguna bodega, esa noche cené con el Presidente de la Denominación de Origen para hacer balance del primer mes, durante la cena le comenté mi satisfacción con lo visitado hasta el momento, pero también mi inquietud y mis ganas de comenzar a visitar bodegas, quedaban pocos días para finalizar la vendimia, y si no empezaba ya, no iba a ver entrar uva en bodega. Con media sonrisa en la cara, el Presidente me contestó, que todo tiene que llegar a su debido tiempo, que no hay que tener prisa, y que en dos días comenzaría mi verdadero descubrimiento de la región.

Por fin llegó el gran día, tocó madrugar, no había amanecido y ya estaba en pie. Esta vez me vino a buscar un bodeguero muy conocido en la región cuyos méritos residían en haber impulsado una marca y un vino en menos de 25 años. Era un hombre alto, gran conocedor del mundo del vino, que ama su tierra y a quién le gusta transmitir sus conocimientos. Fue mi primera visita guiada y no me dejaría indiferente, me tapó los ojos y me dijo: “Confía en mí, el recorrido estará lleno de sensaciones que despertaran todos tus sentidos”.

En un todoterreno nos trasladamos a una explanada, allí nos bajamos y finalmente pude ver lo que me esperaba. Ante mí había un globo aerostático, estaba a punto de vivir una de las experiencias que más han marcado mi vida, ver amanecer sobre los viñedos. Participamos en la preparación  del globo, y comenzamos a subir. Mientras amanecía, la luz de los primeros rayos se reflejaba en los viñedos que comenzaban a llenarse de vendimiadores, y se entremezclaban entre las ramas  de los árboles que rodean el meandro del río que baña la región. Era como observar un lienzo en movimiento. Definitivamente una imagen que quedaría en mi memoria por siempre.

Eran las 11 de la mañana, y fuimos descendiendo poco a poco, todavía estaba impactada de lo que acababa de vivir, volví a sentir esa sensación en el estómago, la misma que tenía en mis primeros viajes de trabajo. Después de esta experiencia nos dirigimos a uno de los viñedos propiedad del bodeguero que me acompañaba. Tiene una extensión de 25 hectáreas de la variedad tempranillo de 40 años de edad, una de las más importantes y abundantes en esta región vinícola. Corre una pequeña brisa, al fondo de los renques veo vendimiadores llenando las pequeñas cajas en donde recogen los racimos de uva que posteriormente serán llevados a bodega. Mientras paseamos, probamos algunos granos de uva… son uvas con gran concentración de azúcar y aromas, esto ocurre en viñedos más viejos, que a su vez dan menos cantidad que viñedos más jóvenes.

Una vez terminada la visita a la finca, pusimos rumbo a la bodega, entramos por la sala de las tinas, tinas de madera de roble francés, altas, anchas, robustas….Pero lo que más impresiona son los olores, en esta primera sala diferencié el olor a madera, a fruta, a vino… Luego pasamos a la sala donde el vino realiza su segunda fermentación, la fermentación maloláctica; esta hace que el vino tenga un fácil paso por boca, que no sea tan astringente; aquí cambia el olor completamente, un aroma a madera, pero totalmente diferente al de la primera sala, es más húmedo. Por último visitamos un calado, sí un calado, para los que como yo no sabéis lo que es, se trata de una cueva escavada en la tierra que se utilizaba como bodega. Es una excavación espectacular, realizada a mano, y que se mantiene como hace 150 años. Aquí los olores se mezclan, la humedad, la roca, la presencia del río, la madera de las barricas… un sinfín de maravillas.

Ciertamente fue una visita donde mis sentidos despertaban a cada momento y aprendían a distinguir sensaciones nuevas cada vez.

Cada día que pasaba era mejor que el anterior, conforme fue pasando el tiempo me di cuenta de lo afortunada que era al poder estar conociendo esta región, sus gentes y sus vinos… No me arrepiento de ninguno de los reportajes que he realizado en mi vida, pero sin duda estos tres meses no los olvidaría.

Durante mi último día y de antes de volver a casa preferí quedarme en el pueblo donde había vivido durante tres meses. Había quedado con el Presidente de la Denominación de Origen, pero todavía tenía algo preparado para mí. Me dijo que quería enseñarme algo especial, algo que no había visto todavía, fuimos a  casa de un herrero, vecino del pueblo, que durante toda su vida se había dedicado a recopilar botellas de vino y a exponerlas en su casa; sin duda una obra maestra.

Al fin llegó el 15 de diciembre y tenía que abandonar la tierra que tanto me había aportado y enseñado. Me despedí de sus gentes amables que tan gratamente me habían acogido e interiormente me invadió una sensación de felicidad .Ya estaba planeando volver a esta tierra en otra estación del año; me habían descrito paso a paso como eran las “batallas de vino” por aquí y ya había decidido disfrutarlas.

Los mejores tres meses de mi vida, una experiencia para repetir y para compartir con todos los que me rodean.

¿Sabéis ya en qué región he estado?.

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