Publicado el 15 de Diciembre de 2015
La cata visual del vino es muchas veces pasada por alto, puesto que es fácil, al primer vistazo y de forma casi inconsciente darse cuenta de qué tipo y de qué color es el vino. Esto puede parecer obvio, simplista. No obstante, este “primer contacto” puede tener un impacto decisivo en cuanto a las percepciones gusto-olfativas que podrá tener cada uno sobre el vino catado. Efectivamente, la fase visual no nos descubre las cualidades organolépticas del vino. Sin embargo, el color nos puede dar informaciones sobre el tipo de uva utilizado por ejemplo.
Es la fase en la que procederemos a observar el vino. De esa forma se puede apreciar su limpieza, transparencia y color. Para ello se inclina la copa y se mira a través de un fondo blanco donde se refleja la luz, apreciando la intensidad de color y la tonalidad. Los diferentes tipos de vino presentan distintas tonalidades en función -principalmente- de su proceso de elaboración y la variedad de uva utilizada.
En el corazón de la copa analizaremos la intensidad en forma de capa fina o gruesa y en el borde de la copa inclinada, llamado menisco y donde el espesor del vino es inferior, observaremos la tonalidad.
Definida la intensidad o capa colorante, se debe proceder a definir el tipo de color, que es la capacidad de absorber o reflejar la luz de la materia. Los colores básicos del vino son el rojo y el amarillo, que se deben a los antocianos y taninos. La tonalidad se interpreta como la relación entre dos longitudes de ondas de las radiaciones absorbidas por el vino.
Durante la fase visual también se analiza la viveza, que es la energía y vitalidad del color del vino. Los colores vivos son el amarillo, grisáceo, metálico, verdoso, dorado y los más apagados son el acerado, crema, oro viejo, ámbar, yodado, acaramelado, salmón, anaranjado, teja y ocre.
En la fase visual también se debe describir otros aspectos como el brillo, que es la cantidad de grises que tiene un color dentro de una escala comprendida entre el blanco y el negro; la cromaticidad, que es la posición en el diagrama de Kelly; la limpieza, desde cristalino a turbio, así como la presencia de depósitos, grasas y quiebras; la transparencia, que es la cualidad para dejar pasar la luz y dejar ver a través de él y que depende del graso de pigmentación.
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