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La historia del Vino jamás mejor contada.

El vino, del latín, Vinum, es el licor alcohólico que se obtiene del zumo de la uva exprimida y fermentado. Algunos autores sitúan los orígenes de la vid en Asia Central, mientras otros aseguran que su origen es europeo. Autor: Mª Trinidad Cedrón Fernández

Cultura del Vino | 2014-09-09 19:19:23


Lo que sí se puede afirmar, es que el vino era conocido por todos los pueblos antiguos. La revelación del proceso de esa elaboración se atribuye a Osiris, entre los egipcios, y a Dionisios, entre los griegos. Por su parte, los hebreos afirman que fue Noé el primero en cultivar la vid. Los romanos heredaron la afición al vino de los griegos, gracias a las viñas plantadas por los etruscos.
 
La viticultura debe su mayor desarrollo a la propagación del cristianismo, por ser el vino necesario para la celebración de la misa. Durante la Edad Media la elaboración del vino fue un menester importante en los monasterios. Cada uno poseía su propio viñedo de donde se extraían los vinos litúrgicos. Así, los monjes medievales se pueden considerar precursores de la viticultura y vinicultura, y dejaron huellas tan claras como los vinos llamados “priorato” que vienen de la palabra prior.

Junto al carácter religioso, el vino ha tenido desde la antigüedad un gran valor político. Heredoto nos cuenta en su Historia que “los persas después de bien bebidos, suelen deliberar acerca de los negocios de mayor importancia…”.

Hacia el Siglo XVI, la vinicultura se practicaba ampliamente en Francia. En este país, el monje benedictino Dom Perignon (1638-1715) introdujo el vino espumoso. Este monje tuvo la feliz idea de utilizar tapones de corcho para sus botellas para evitar que la fermentación secundaria producida en el vino de champagne después de embotellado, explosionara el tapón que se utilizaba hasta entonces que era de lana y lacre. Utilizando el corcho, técnica aprendida de los españoles, y una botella más gruesa, la segunda fermentación pudo desarrollarse, dando origen al champagne. Fue entonces cuando pronunció sus conocidas palabras: ”¡Venez vite mes fréres, je bois des étoiles!” (¡Venid rápido hermanos, estoy bebiendo estrellas!).

Si el vino es conocido desde antiguo en el mundo, no lo es menos en España desde que en el año 2200 a.C., los Tartesos llegaron a la Península Ibérica y no sólo conocían el vino, sino que comercializaban con él.
Con la dominación romana el comercio floreció de tal manera, que en el año 20 de nuestra era se enviaron 20 millones de ánforas de vino español a Italia, a lo que Diocleciano puso freno para evitar la ruina de los viñedos de Italia. Los vinos de la época se clarificaban con ceniza, arcilla, resina, etc., luego se envasaban en ánforas de barro, tapadas con corcho o yeso y se dejaban envejecer hasta diez años, a veces junto a las chimeneas para que tuvieran cierto sabor ahumado.
Los visigodos, grandes consumidores de vino, aumentaron la producción.

San Isidoro de Sevilla dedica varios capítulos en sus Etimologías a la vid y el vino, que corría en abundancia en aquella época, hasta el extremo de que San Jerónimo avisa a los jóvenes que “deben huir del vino como del veneno, no sea que por el calor de su juventud beban y perezcan”.
Con la llegada de los árabes, nuestros viñedos fueron en principio devastados o abandonados por la prohibición a sus fieles de beber vino, ya que el profeta les había prometido para el otro mundo, muchísimo más vino del que les negaba en éste. Sin embargo, la arraigada costumbre vinícola de los españoles, unido a que el Corán no prohíbe la plantación y cultivo de la vid, hizo que el consumo de vino persistiese.

Con el avance de la reconquista, los monjes comenzaron la repoblación de cepas, porque el rito cristiano exigía la producción de vino. También el Camino de Santiago fue una vía de comunicación e intercambio de todo tipo de ideas, conocimientos, lenguas y culturas, y por él entraron nuevas variedades de uva, como la Albariño, al parecer de origen alemán, traída por monjes cistercienses. El Camino también fue gran impulsor del comercio de vinos, que renace plenamente en los siglos XVI y XVII.

Durante el siglo XVIII se inició un proceso en la enología española con nuevos tipos de vid procedentes, sobre todo, de Francia e Italia que se plantan en estacas y en injertos.
Por esta época llegó a ser tan grande la producción de vino en La Rioja, que sobrepasaba el consumo general, agravado porque el excedente de vino no se podía almacenar más de un año y medio motivado por los métodos rudimentarios utilizados en su elaboración. Tal era la abundancia que casi siempre se tenía que tirar vino. Para solucionar estos problemas, en 1787 se creó la Real Sociedad Económica de Cosecheros de La Rioja Castellana, la cual regulaba la elaboración y exportación de estos vinos a sus clientes habituales, los mercados vascos y montañeses. Pero la expansión del Rioja no llegaría hasta el siglo XIX.

El siglo XIX se caracteriza por dos grandes acontecimientos. El primero fue la transformación de las técnicas artesanales en nuevos procedimientos industriales sumado a la implantación del ferrocarril como método de transporte. Y por otro lado, a finales del siglo XIX y principios del XX una devastadora plaga, la invasión de la filoxera, que ya había arrasado los grandes viñedos en el resto de Europa.

Pasadas estas calamidades, a principios del siglo XX comienza a florecer una nueva actividad vinícola. Josep Raventós, después de varios viajes a la Champagne obtiene su primera botella de vino espumoso en su bodega.

Con el siglo XIX llegó a los viñedos gallegos el “oidium”, enfermedad que obligó a azufrar los viñedos, consiguiendo que fuera regenerándose el comercio del vino. Pero por el año 1885, un hongo llamado “mildiu” atacó de nuevo a los viñedos y tuvieron que ser tratados con un producto a base de sulfato de cobre, llamado caldo bordelés.

La evolución de la calidad viene dada por la Convención de París en 1883, por el Acuerdo de Madrid en 1891 y sobre todo por el de Lisboa en 1958, sobre la protección de las Denominaciones de Origen como método de protección de la calidad de los vinos. En 1970 se crea el Instituto Nacional de Denominaciones de Origen.

El siglo XX fue trascendente para el vino en cuanto a la evolución de su calidad, gracias a las investigaciones de Pasteur en la tecnología aplicada a la elaboración del vino y a las Estaciones de Viticultura y Enología situadas en zonas estratégicas productoras del país.

Es el siglo en el que se produce una evolución técnica que sirve al desarrollo y divulgación de la Enología por todo el país, con la creación del Instituto Nacional de Investigaciones Agronómicas en los años 30. Anteriormente, por los años 20, se crea la Oficina Internacional de la Viña y el Vino para resolver los problemas que surjan en la vid y en el vino, dividida en tres secciones: viticultura, enología y legislación.

Posteriormente, se crea la Unión Internacional de Enólogos, donde se incluyen las Asociaciones de Enólogos de los grandes países productores de vino.

Por los años treinta, concretamente entre 1931 y 1932 se crea el Estatuto del Vino, que persigue todo aquello que tienda a distorsionar el mercado de los vinos de producción natural. Posteriormente, en 1970, se dicta el Estatuto de la Viña, del Vino y de los Alcoholes, inspirado en los Estatutos de la Oficina Internacional de la Viña y el Vino.

Actualmente, en España, el viñedo se encuentra muy implantado, en algunas zonas con carácter de monocultivo. La superficie de viñedo cultivada supone el 33% de la superficie vitícola de la Unión Europea, y el 16% de la superficie mundial.

En los últimos años, España ha pasado de una situación excedentaria, a una de equilibrio entre producción y necesidades, debido fundamentalmente a la política de la Unión Europea y a la mejora cualitativa del viñedo, abandonándose la idea de una gran producción frente a una significativa mejora de las cualidades del vino.

Son muchas las denominaciones de origen que existen en España. A continuación se detallan por orden alfabético, junto con las provincias a las que corresponden:

Abona (Tenerife)
Alella (Barcelona)
Alicante (Alicante)
Almansa (Albacete)
Ampurdán-Costa Brava (Gerona)
Bierzo (León)
Binissalem (Mallorca )
Bullas (Murcia)
Calatayud (Zaragoza)
Campo de Borja (Zaragoza)
Cariñena (Zaragoza )
Cataluña (Barcelona, Tarragona, Lérida, Gerona)
Chacolí de Guetaria (Guipúzcoa)
Chacolí de Vizcaya (Vizcaya)
Cigales (Palencia, Valladolid)
Conça de Barberá (Tarragona)
Condado de Huelva (Huelva)
Costers del Segre (Lérida)
El Hierro (Hierro)
Jerez (Cádiz)
Jumilla (Murcia, Albacete)
La Mancha (Albacete, Ciudad Real, Cuenca, Toledo)
Lanzarote (Lanzarote)
La Palma (La Palma)
Málaga (Málaga)
Manchuela (Cuenca, Albacete)
Medina del Campo (Valladolid, Segovia, Ávila)
Méntrida (Toledo)
Mondéjar (Guadalajara)
Montsant (Tarragona)
Monterrei (Orense)
Montilla-Moriles (Córdoba)
Navarra (Navarra)
Penedés (Barcelona, Tarragona)
Plà de Bages (Barcelona)
Plà y Llevant (Mallorca)
Priorato (Tarragona)
Rías Baixas (Pontevedra)
Ribeira Sacra (Orense, Lugo)
Ribeiro (Orense)
Ribera del Duero (Burgos, Segovia, Soria, Valladolid)
Ribera del Guadiana (Cáceres, Badajoz)
Rioja (La Rioja, Navarra, Álava)
Rueda (Segovia, Ávila, Valladolid)
Somontano (Huesca)
Tacoronte-Acentejo (Tenerife)
Tarragona (Tarragona)
Terra Alta (Tarragona)
Toro (Valladolid, Zamora)
Utiel-Requena (Valencia)
Valdeorras (Orense)
Valdepeñas (Ciudad Real)
Valencia (Valencia)
Valle de Güimar (Tenerife)
Valle de la Orotava (Tenerife)
Vinos de Madrid (Madrid)
Vinos de Gomera (Gomera)
Ycoden-Daute-Isora (Tenerife)
Yecla (Murcia)
 

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